9:23. Perfecto. Has dormido bien Fran. Ducha y desayuno americano. Que gran manera de empezar el día. Compras en el super para el viaje en tren. El super es inmenso. Fruta, agua, más fruta, algo dulce, algo salado. Efrén ya va con prisas. Su tren marcha tres horas antes que el mío. Volvemos al hostel. Check-out y adiós tío, que vaya bien el viaje. Tienes mi mail. Ok. Disfruta tú también. Suerte. Venga.
He comido antes de subir al tren. Aunque es la segunda vez que cojo tren, ya me parece familiar. La mesita entre los asientos, la lucha por estirar las piernas, la lucha porque no se te duerma la pierna que no has conseguido estirar, la lucha por cambiar de posición la pierna que lleva estirada dos horas, la comida de la gente, las voces, las miradas, los juegos, la venta de comida por los pasillos, la mochila grande arriba y la pequeña conmigo, mil paradas, gente que sube, gente que baja, ...
Tengo sueño. Duermo hasta las 18:00. Leo. Son las 21:00. Llevo 6 horas, no me preocupa mucho el trayecto, ya se que son 15 horas y me he mentalizado. De las 15:00 hasta las 8:00. Cuenta. ¡Mierda!, son 17... mmm ... Da igual, tenías pensado llegar a las 8:00. Eso es lo que cuenta. Ceno, leo, estoy despierto. Son las 23:37. El ruido del tren empieza a descender. Esto es cada vez más familiar. Más tranquilo. La verdad, pensé me costaría más superar tanto tiempo en tren, sentadito, en un asiento duro, no reclinable. Pero no. La primera experiencia me curtió lo suficiente. A penas se escucha nada. La noche cayó hace mucho rato. La gente duerme. Yo también.
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