Despierto sobre las 7. He dormido bastante. El tren llega a su destino sobre las 8:30. Busco el bus que me llevará cerca del hostel. Un señor coge el mismo bus que yo y me indica donde lo hemos de coger. También me indicará mi parada. No tiene ciencia alguna, es la última, pero el señor quiere hacer su buena acción del día y yo me siento generoso. Una hora de bus. Después de 18 horas de tren, una hora de bus me parece de risa. Fui de pie todo el trayecto y ya vino bien para compensar tanto tiempo sentado.
Estoy en el centro, pero llegar al hostel requerirá un taxi. 15 yuanes. El de la moto - taxi se niega. Pide 30. Ahí mismo, un motorista dice que me lleva por 15. En una scooter normal. Me subo con mochila a la espalda. Cuando el de la moto-taxi comprueba que es factible, le monta el pollo al de la moto. Competencia desleal. Muy desleal por cierto. Chispea un poco, mis mocos siguen ahí y la mochila se está mojando. Llegamos. Pero no es aquí. Sí. No. Sí. Te digo yo que no, que esto no es un hostel. No tiene pinta de timarme. Sigue chispeando. Enseño la dirección de mi destino a algunos transeúntes Nadie sabe. Hangzhou tiene 8 millones de habitantes y probablemente mi hostel no sea lo más conocido del lugar. Mi taxista particular pregunta varias veces y llega a la conclusión de que estamos en la calle, pero no en el número. La calle es enorme. Avanzamos y por fin veo el cartel del hostel. Tenga, sus 15 yuanes. Xie xie. Xie Xie.
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