Mañana de visita al Templo Liyin y sus jardines. Pero, ¿qué pasa?, ¿que aquí no saben hacer las cosas normalitas? Esto es espectacular. Caminata por los jardines, subir, bajar, subir, cambiar de dirección, subir, subir, ... para ya Fran, que te estás reventando. Más de 400 imágenes talladas en roca, dispersas por todo el jardín, que a mí se me hace que esto es un señor bosque. El templo, cuya entrada se paga a parte, tiene no sé cuantos edificios con imágenes gigantes a las que la gente reza. Seguimos subiendo.
Bus de bajada, que coge una dirección diferente a la esperada. ¿A dónde me lleva? Me alejo del hostel. Relax. Ya está. Ya sé dónde estoy, dónde me debo bajar y qué camino de vuelta coger. En 14 días mi sentido de orientación se ha despertado a marchas forzadas.
Check-out, comida y rumbo a la estación. Está cerca, aunque un taxi vendría bien. ¿20 yuanes? Ni de coña! Sigo caminando. ¿20 yuanes? Que no hombre que no! La guía dice que entre 11 y 15. Más adelante cogeré uno para no llegar justo de tiempo. Casco antiguo nuevamente, dinámico, vivo, antiguo. Muy bonito todo, pero se te ha ido la bola Fran, y ya vas tarde. Busco una moto que me lleve. No pasa ninguna. Sigo buscando. Paro una moto, que ni es taxi ni tiene intenciones de serlo. No se entera de lo que le digo, dice que 10 yuanes. Llevo 6 en la mano. No se entera. Piensa que voy al aeropuerto. Le indico que sólo es de frente y luego a la derecha. Parece que me conozco esta ciudad como de toda la vida. Me dice que suba. Bien, me lleva. Se emociona, yo también. Toca la pita constantemente. Yo no. Yo digo guuuuuuuuuu, constantemente. Nos reímos como si fuéramos amigos de toda la vida. ¡Mierda! Me has equivocado, no era por aquí... Ah sí, sí, mira la Railway Station ahí delante. Uff!! Le pago. ¡No! No quiere el dinero, me ha traído como un favor. Insisto. Insiste. Pues, muchas gracias, con reverencia incluida.
Tren bala rumbo a Shanghai. 260 km/h y 40 minutos me llevan a mi destino. Metro, 30 minutos. Camino a pie, 10 minutos. Hostel. Aquí me espera Hipi. Hablamos ayer por whatsapp y me han reservado habitación en su hostel. Volvemos a vernos. Bonito reencuentro, pero esta vez dejamos al universo tranquilo. Con Hipi, está Nils, un chaval danés de 20 años que está recorriendo Asia. ¡Toma ya! ¡Qué máquina! Me ducho, agua hirviendo. Increíble. Más agua hirviendo. Fantástico. Vamos en busca de la cena. La encontramos en un chiringuito en la entrada a unas viviendas. Escalope más unos fideos con verduras calman mi estómago. El postre de una pastelería de enfrente que recordaré toda la vida. Todo espectacular. Volvemos al hostel. De camino compramos Mata-ratas camuflado de alcohol. Es la última noche de Hipi y Javi en China. Horas de billar, buena compañía y Mata-ratas con Coca-Cola. A decir verdad, probé un poco y me pasé directamente a ... la Coca-Cola. Javi llega más tarde. Ha estado de compras. Me avisa: "En Beijing, el regateo es agotador, pero tienes que ir". Ahora sí, despedida. Chicos, nos vemos en Barcelona o en Mataró. Buen viaje mañana.
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