Voy despertando. El tren, silencioso, muestra un día espectacular. Beijing amanece soleado y limpio. La atmósfera es clara, pura. Parece que hubiera llovido días. Ya estoy otra vez aquí. Me parece regresar a casa. Ha pasado tanto tiempo desde que empezó esta aventura. Han pasado tantas cosas en tan poco tiempo. Queda tan lejana mi llegada anterior a la ciudad. Miro atrás y tomo consciencia. Llegando solo a la ciudad. Sin conocer nada. Todo era nuevo. Me da vértigo de pensarlo. Pienso en lo vivido. Me invade la alegría. Esto ha merecido mucho la pena. Ya es parte de mi. Imborrable. Inseparable de mi existencia.
Forbiden City acaba con mis energías. Cuatro horas de palacio acaban con cualquiera. A parte, mis mocos, que no me han abandonado, también están cansados. Ya se me hace evidente que tengo una infección. No tengo fiebre, pero estos compañeros del color esperanza no son buena señal y además estoy muy cansado. Camino en busca del hostel. Hay mucho camino. Necesito comer, estoy desfallecido. Como. Pero sigo cansado, mucho, agotado. Decidido: mañana relax, mi cuerpo ha dicho basta. 18 días sin parar, ni un rato de descanso. No puede ser.
Topo sin saber con el famoso mercado nocturno. ¡¡¡Diosss!!! Lo ha hecho!! Se ha comido ese escorpión vivo. Por esto es famoso el lugar. Me distraigo mirando el resto de puestos. Ahora sí, directo al hostel. Me caigo de cansancio. Son las 7 de la tarde. Si nuestros relojes están bien sincronizados, a las 8 pm Xi Jing debe presentarse en el hostel. ¿Xi Jing? Sí, volvamos atrás. Día 3, no sé cómo llegar a la Raylway Station y una muchacha me termina acompañando. Intercambiamos teléfonos y quedamos hoy a las 8 pm en el Leo Hostel. Pues bien, hoy es el día, queda una hora y yo estoy arrastrándome cual culebra bajo el calor del desierto. A parte de mi estado de salud, seamos sinceros, ¿qué hago con esta muchacha? Mi inglés básico da para una conversación de 2 minutos. Estoy muy cansado para pensar. Decido acostarme 45 minutos para recuperar fuerzas y ya veremos lo qué hacemos.
Duermo. 19:30, sms: Fran, tengo mucho trabajo, ¿nos podemos ver el 30 que empiezo las vacaciones? A ver, ¿dónde está la cámara oculta? Síiiiii. Sigo descansando. Sobre las 21.45 me espabilo. Bajo al salón. Tele, cena, Internet. Son las 12. Ahora sí, a dormir, que mañana espera un gran día: descansar!
No hay comentarios:
Publicar un comentario