Son las 3 de la tarde. Me voy al mercado de Sanlitún, que según dicen es menos agresivo que Silk Street. Es menos agresivo, sí, pero el regateo es agotador. Barato amigo, pala ti muy barato. Una vez te has probado la prenda, antes te han reclamado desde mil tiendas para que entres y compres, empieza el (pongámosle música, algo muy cutre, porque no se merece otra cosa, por ejemplo la de "bulería bulería") "regateo, regateo". Coge la calculadora y dice: "pala otlos amigo (y marca en la calculadora) 850, pala ti (calculadora en mano), 750. Muy barato amigo, muy barato". Barato lo saben decir bien. Yo, curtido en la universidad de la vida, marco 70. Estás loco, amigo. Algunos me ponen la mano en la frente como si tuviera fiebre. Es buenísimo. Entonces yo también lo hago, le pongo la mano en la frente. Aquí pueden ocurrir tres cosas. La primera. El/la vendedor/a pasa tres kilos de mí. Realmente estoy loco. Me he colado. Seguiremos la ruta sabiendo que para ese producto el valor es mayor. La segunda. Yo paso tres kilos de la venta. Me agota regatear en cada lado, además no estoy seguro de querer la prenda. Hay mil tiendas, seguiré buscando.
La tercera. El/la venderor/a me agarra la muñeca y me pide o que suba un poco o que pongo mi precio final, son frases aprendidas que repiten en todos lados. Yo marco 70. El marca 700. Ya ha bajado 50 yuanes. Yo intento salir de la tienda. Me mantiene agarrado de la muñeca, flojo, me placa, no me deja salir. Yo intento salir. Amigo ( y aquí incorpora una descripción de la prenda que la hace de calidad, esto ya en inglés, o que tiene goretex o que es de piel, o que tiene doble forro...). Marco 70. Un poquito más amigo. El marca 600. Seguimos bajando. Consigo salir de la tienda. Ahí se produce el salto cualitativo en el precio, que cae en picado. 400. Yo hago que sigo, pero me giro y digo 70. Pala ti 350. Setenta. Ya desde el pasillo. Sigo avanzando. Entonces escuchas un amigo, amigo. Me giro, vuelvo un poco, quiere que entre en la tienda. 200. Es mi último plecio. Setenta. 150. Setenta. Me giro, me voy. Aquí puede ocurrir o bien que ahí se queda el precio, 150, no baja más, eso quiere decir que es el precio más ajustado por ese producto, nadie más bajará más. O bien que terminemos llegando a 70 u 80 y me lleve la prenda. En el primer caso, marcho ya sabiendo el precio que puedo conseguir y si después de seguir mirando otras cosas ésta me gusta más, vuelvo a por ella y pago los 150. En el segundo de los casos, me llevaré la prenda y escucharé otra frase que pronuncian perfectamente en castellano. Tú, muy tacaño, amigo, muy tacaño.
Notas:
1. Éste es simplemente un ejemplo aproximado, las situaciones son muy cambiantes y cada negociación es diferente, pero ésta tiene patrones comunes a muchas de ellas.
2. Los precios son un ejemplo. Me llevé por ejemplo un abrigo por 260 yuanes y unas bambas por 70. En el caso del abrigo el precio inicial era 2.000 yuanes.
3. En todos los casos, detrás del regateo hay personas. Personas que viven de esto, que trabajan todo el día, incluso festivos. Abren a las 9 y cierran a las 21. Fui varios días, festivo y laborable, en horario de mañana y de tarde y vi las mismas personas en sus puestos de trabajo. Todos queremos mejorar nuestras condiciones de vida. Es lógico pedir 2.000 yuanes por una prenda que terminas vendiendo por 260. Si un turista paga 2.000 yuanes, perfecto. De hecho, puede que los pague en Europa por esa prenda. Podría ver engaño o mala fe en ello. Yo vi personas compitiendo (hay mil tiendas) por intentar mejorar. Bienvenidos/as a lo peor del capitalismo. Y para colmo, en una dictadura comunista.
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