Este blog pretende relatar las vivencias de mi viaje a China, si estás buscando información para organizar tu viaje deberías dirigirte a otras webs y foros.

30 de octubre de 2012

Día 10: Preocupación


La tos y los mocos no han desaparecido. Aquí, en las montañas, no hay frío, pero sí mucha humedad. Me despierto con dolor de pecho. Mierda, como esto no se cure bien. Una idea me ronda la cabeza: ¿será bronquitis, pulmonía?. Me tranquiliza saber que no tengo fiebre, ni mal cuerpo, ni me duele la cabeza. Mejor. El pecho debe doler del esfuerzo de toser. Seguro. Seguro que es eso.

A pesar del dolor de pecho, me levanto a las 5 de la mañana, dispuesto a poner rumbo al punto 1, montaña arriba, para ver amanecer. Niebla intensa, oscuridad casi absoluta, lluvia fina. Descargo una aplicación de linterna en el Iphone y comienzo a subir. Al cabo de 20 minutos de subida empieza a amanecer. Estoy totalmente sudado. El amanecer es algo totalmente blanco. Blanco niebla intensa. Operación Ver Amanecer   Chino en las Montañas: Fracaso total. Me paro en un mirador. Descanso. Bajo. Vuelvo al Hostel. Me acuesto. Esto ha sido una gilipollez. Te tenías que haber quedado en la cama. Bueno, ahora descansa unas horas.

La intensa niebla se levanta un poco a lo largo de la mañana, pero la lluvia fina no parará en todo el día. Eso dice el pronóstico. Decido volver a Guilin hoy. Lo hago con Efrén, de León. Está viajando él solo por Asia. Hizo el Transiberiano desde Moscú, estuvo en Mongolia y ahora China. Echamos el día juntos. Es un alivio. Quedarme en las montañas solo y enfermo me da miedo. Miedo, no reparo ni respeto. No. Me da miedo. La idea de la bronquitis por una gripe mal curada sigue rondándome la cabeza. Tengo la sensación que en Guilin estaré más protegido, menos aislado. Puede que la idea sea absurda, pero Guilin me da más seguridad.

La peli de vuelta no merece ni ser nombrada: patética. Me alojo en el Wada Hostel. Está la familia francesa que conocí en Yangshuo. Los niños son graciosísimos. Estarán viajando 7 meses. Ya han estado en Rusia y Mongolia. Son un matrimonio de unos 40 años y dos niños, de 5 y 7 años.

Necesito un expectorante o mucolítico. Explícaselo a la chica de recepción. Parece que nos hemos entendido. A la farmacia. Jarabe para la tos. Funciona. Expectoro y dejo de toser.

Cena por 4 yuanes (50 céntimos de €) con Efrén y vuelta al Hostel. Toca relax. No. Toca conversación variada y dicharachera con Javi y Hipi, amigos y residentes en Mataró. Intento poner el diario al día. Imposible. No sé cómo, pero terminamos hablando hasta del Universo. Dos horas y media dan para mucho. China y el planeta están llenos de McDonalds y Hipi se pregunta: ¿habrá McDonalds en el Universo? Ya os podéis imaginar la conversación. Nos veremos en Barcelona, seguro. Intercambio de números de teléfono.

Las compis de habitación, francesas. Tomo consciencia que mi francés no había desaparecido, sólo estaba bien escondido. Una alegría. Conversación también interesante. Ahora sí, toca dormir. Más tranquilo, menos preocupado. El día comenzó mal, acabó mejor. Ves, era mejor bajar. Tienes tu jarabe, no hay humedad, has conocido a más gente, además ... Zzz Zzz.

Día 9: 4 en 1


Rumbo a los Bancales del Espinazo del Dragón. Antes compro una riñonera, la mía se ha roto, no llega ni a 2 euros. En la estación de tren compro billete Shanghai - Beijing, para dentro de nueve días. Para variar, no hay litera y además es carísimo, se nota que se acerca la temida fiesta nacional, donde los 1.400 millones de chinos se congregan en Beijing. Ahí estaremos.

Ahora sí, rumbo a mi destino de estos días. La riñonera se me cae en tres ocasiones, el truño-cierre la convierte en truño-riñonera. ¡Mierda! Bueno, por dos euros, ¿qué le pides a la vida, Fran? En cuanto acepté la condición de mi nueva adquisición ésta no volvió a fallar. En la Bus Station una pareja va para donde yo, ya está, fácil. Tres buses y una buena caminata de subida me llevarán a Tianthou.

En el bus más largo, 2 horas, ponen una peli. La miro a ratos hasta que me engancha. Es de chinos claro, osease, kárate, peleas, maestro, sabiduría. El malo malísimo ha matado al maestro. ¡No puede ser! El bueno buenísimo se entera y va a por él. También se ha llevado a la chica y al niño, más que probable sucesor. Cuando el bueno buenísimo está a punto de ganar, el malo malísimo resulta que tiene poderes y le gana. A ver, ¿pero no habíamos quedado que esto era una peli de chinos? Pues no, ahora resulta que también es de fantasía. El malo malísimo es como el mago malo del Señor de los Anillos. Ahí pensé, mira, dos en uno, peli de chinos y Señor de los Anillos. ¡Cómo se lo curran! Por supuesto, el malo malísimo gana y el bueno cae por una catarata. La chica se safa de sus captores y se lanza tras él.

El bueno buenísimo coge una "depre" de caballo. Su software de macho-alfa no está programado para las derrotas. La chica lo cuida pacientemente durante un año. ¡¡¡Pero!!!, ¿a dónde me vas con esos pelos? Con lo coqueto que estaba él rapadito y con coleta. A todas luces, la "depre" es importante. 

Un día se levanta de buen humor y decide que comienza a entrenar. Ahí aparecen dos tíos que vuelan. Uno de blanco, otro de negro. El de blanco, quien será su nuevo maestro, esquiva los golpes y se mueve como Neo, el de Matrix. Sólo falta ver los códigos informáticos verdes. Estos chinos son increíbles. Ya vamos 3 pelis en una. Eso es ahorrar presupuesto. Vista una, vistas todas.  

Lo sospeché desde un primer momento. Lo sabía. El de blanco y el de negro son fruto de su imaginación. Este tipo lucha contra sí mismo. Vamos, que tiene una esquizofrenia galopante. Ya vamos 4 en 1, y no revelaré la peli, para aquellos que no la hayan visto. 

La chica se cansa y se marcha. Es evidente que ha ido a buscar al malo malísimo. Normal, en todo este tiempo el bueno buenísimo no le ha tocado ni un pelo. Y la muchacha se va a probar con el malo, que al igual se lleva una alegría. ¡Aaaaah no!, que va en busca de su hijo. Ahí llega el bueno buenísimo y se da la trepidante lucha final. Trepidante y apasionante, pero sobre todo indescriptible, porque llegó mi parada y me tuve que bajar.

Las terrazas de arroz de los Bancales del Espinazo del Dragón: INCREÍBLES, una portentosa obra de ingeniería humana. Sin palabras. Por eso mejor yo les cuento algo tan banal como la peli, que ya las fotos dan mejor cuenta del lugar. 











26 de octubre de 2012

Día 8: Con ayuda de las drogas


Según el termómetro de Vanessa tengo 37.4º, aunque yo no me noto fiebre. No pasa nada. Mal cuerpo y mocos. Mi camello me pasa un mucolítico. Antes ya me había dado Ibuprofeno en pastillas, más práctico que mis sobres. Repetimos desayuno donde ayer. Huevos, bacon, tostadas, café y zumo de naranja. Bicis y a Fulí. Paisaje realmente bonito, pero yo no estoy para esto. Me encuentro mal. Estoy débil y la bici no ha sido una gran idea. Cruzamos el río en barca. 5 minutos. Suficientes para quedarme dormido. No tenía que haber venido. Necesito meterme en la cama. Llegamos a Fulí. No encontramos las casas de piedra que decía la guía. Buscamos donde comer. Comemos. Me recupero un poco. Miro la tele. 

La vuelta en bici cuenta con unas rampas importantes, una carretera polvorienta en pésimas condiciones, mucha circulación de camiones que a su paso levantan auténticas polvaredas y cortes intermitentes de carretera.

A la llegada a Yangshuo nos encontramos con Mario y Marisa. Última vez que los veremos porque seguimos rutas diferentes. Ahora sí, les pido el teléfono por si coincidimos en Shanghai y nos presentamos. Cosa que no habíamos hecho hasta ahora. Hasta la próxima. Suerte. Suerte. Llego al hostel. Me duermo en el sofá. Tengo hambre pero no apetito. Me duele la cabeza. Tengo mal cuerpo. Me quedo. Chicos,  me quedo aquí esta noche. No. Voy. Venga va, me espabilo. No sé si tomarme un ibuprofeno. La cabeza y las cervicales me van a reventar. Vanessa, mi camello particular, me da un protector de estómago y tras éste me tomo el ibuprofeno.

Salimos rumbo a la estación. 18 yuanes, hora y media y estaremos de nuevo en Guilin. Ya en el bus me encuentro mejor. Bien. Mucho mejor. Incluso con fuerzas. Retomo el diario que abandoné hace tres días. Guilin parece ahora más grande. Más luminosa.

Un taxi al aeropuerto 120 yuanes. Lo mismo que a la ida, pero ahora no es de madrugada. No queda otra. Se van Javi y Vanessa. A Hangzhou. Yo estaré allí en unos días, pero ellos ya habrán marchado a Japón. Despedida. Los voy a echar de menos. Llevamos una semana juntos muy intensa. Rápido, al aeropuerto por favor, que llegamos tarde. Chao. Suerte. Suerte. Disfruten. Nos vemos. Venga.

Rumbo al Green Forest Hostel. Ceno. Tengo hambre y apetito, mucho. El mal cuerpo, los escalofríos y la tos han desaparecido. Las drogas han surtido efecto. He cenado bien, pero me falta algo. Son las 23:40. Salgo. Las calles vacías de Guilin me dan paz. Camino en la noche. Me compro unos dulces. Es el postre. Continúo. Encuentro un mercadillo nocturno. Compro fruta.  Es el post-postre. Son las 0:30 y las calles aún más vacías me reconfortan. Me siento bien. Agradecido con la vida. La fiebre, el mal cuerpo y los escalofríos parecen de un pasado lejano. Como si hubieran sido cosa de ayer o antes de ayer.

24 de octubre de 2012

Día 7: Yangshuó, ciudad sin ley, belleza incomparable



La garganta. La ventana se ha quedado abierta toda la noche. Molestia. Se me pasará. Nos espera un día de aventura natural. Y no me refiero al desayuno americano de huevos, bacon, salchicha, etc, que de natural tenía poco.

Empieza la ruta. Alquilamos  bicis de montaña y hacemos 8 km hasta la Moon Hill. El tráfico es una... mmm  locura no, lo siguiente, pero hay cierto orden. Esto es un ejemplo claro de entropía: orden en el caos. Conducir aquí es apasionante, excitante, a la vez que fácil. Has de seguir solamente dos normas: no parar bajo ningún concepto, aunque venga un coche en dirección contraria por tu carril y tocar la pita constantemente.
(Volvemos después de los anuncios).

Teletienda (voz de anunciante): 
"¿Cansado de presentarse una y otra vez al carnet de conducir sin pasar la prueba?, ¿de aguantar suspenso tras suspenso la cara de sus amigos que ríen y se burlan de usted a todas horas? Pues no busque más. Ya está aquí el auténtico carnet de conducir chino apto para todas las regiones del planeta. Sólo tiene que demostrar su habilidad tocando la pita y pasándose por el forro toda señal que encuentre a su paso. Tan fácil como eso".

En la entrada a la montaña unas señoras nos dan la lata. Que no. Siguen. Que no. Me ponen una libreta delante. La aparto. Buscamos la entrada. ¿Dónde dejamos las bicis? ¿Seguro que es aquí? Nuevamente las señoras. Libreta delante. La aparto. Cuando lo hago veo anotaciones en castellano: "estas abuelas son de fiar, te cuelan en la montaña y vigilan las bicis", "estas señoras..." Firmaba gente de Barcelona, Argentina, etc. Esto es muy bueno. Aceptamos barco. Nos cuelan por 5 yuanes. Nos ahorramos nada, 10 yuanes, pero la experiencia de colarnos por una entrada secreta es muy divertida. Tienen una buena red montada. Una cuida las bicis, otra busca nuevos clientes y otra nos guía hasta la entrada secreta.

Subimos los 900 escalones. Antes, nos encontramos a Marisa y Mario. Irán también a las cuevas de barro, por 70 yuanes. Llegamos a la cima. Sin palabras. El paisaje nos conmueve. Volvemos. En la entrada nos encontramos con las señoras. Les escribo en la libreta que son de fiar, que te cuelan y te vigilan las bicis. Nos consiguen una guía que nos ofrece la entrada a las water cave por 100 yuanes. Negocia Vanessa. Acuerdan 70 yuanes. Miro firmemente a Vanessa y niego con la cabeza. Vanessa dice 60. La guía acepta.  Seguro que nos estafan igual, lo pienso siempre, pero es que es realmente muy barato, además somos turistas y esta gente no sabes cuándo vuelve a hacer negocio. Microbus a las cuevas. Experiencia de contrastes. Entramos en barca. Una vez nos deja la barca, andamos mucho cueva adentro, subimos, bajamos, nos agachamos. Llegamos al momento esperado. El momento esperado es en agua fría. Piscina natural de barro. Baño de barro. Cabeza incluida. Después de 10 minutos emprendemos el regreso. Tirito. Totalmente embarrados, llegamos a las piscinas de agua caliente. La gloria. Baño de aguas termales. 20 minutos en agua casi hirviendo. Reconstituyente. Salimos. Frío. No tenemos toalla. Humedad. Ya es seguro que caigo enfermo. Mi garganta no había vuelto a dar señales de vida, pero esto ha sido matador. Volvemos en bici. Genial. Nuevamente excitante. La conducción aquí es realmente anárquica y ordenada. Paseo por las calles comerciales. Ducha y a cenar. Primeros escalofríos y mal cuerpo. Caldo de fideos y carne. Sólo pienso en coger la cama. Vuelta al hostel. Ibuprofeno y a dormir.

22 de octubre de 2012

Día 6: Coge el billete, corre y vete

Desayunamos como reyes en el hostel. Ahí conocemos a Marisa y Mario, casados y residentes en Madrid. La manifestación de Xian les pilló todo el día. Coche japonés que veían, coche japonés que volcaban. Ellos no, que parecían bastante civilizados, los chinos. Eso es descargar adrenalina.

Aprovecho y compro el billete de tren de Guilin a Hangzhou para dentro de seis días. Me entra la depre. Sí, la depre. 18 horas de tren, sin litera. No hay otra. Lo tomas o lo dejas. Lo tomo.

Bus a Yangshuó. Es el 4. El billete pone a las 12:35, pero es raro porque supuestamente van pasando así sin más. Pero bueno, nuestro billete pone a las 12:35. Estamos por fuera de la estación. Pasa el 6 dos veces, el 11 también dos veces, pero del 4 ni rastro. Dudo. Vanessa va a investigar. Unas chicas a mi lado sonríen, las miro, Les pido permiso para hacerles una foto. Ok. Se las enseño. Les gusta. Ríen. Pues ya que están aquí les enseño el billete a ver si nos ayudan. Miran el billete, hablan, lo vuelven a mirar, hablan, me miran, hablan, caminan un poco, las sigo, señalan para el frente. ¡Vanessa ven! Que creo que nos hemos equivocado. Las chicas avanzan un poco. Vanessa no lo ve claro. De buenas a primera, una de las chicas mira el reloj, mira el billete, me mira y echan a correr con mi billete en mano. ¡Corre Vanessa! ¡Javiiiiii! Corremos tras ellas. Entran en la estación. Nosotros también. Ellas pasan, nosotros paramos a pasar las maletas por el control. Ellas corren. Ahora nosotros también. Miro al fondo. Paran el bus que ya marchaba. La gente mira, hay colas para otros buses. Pasamos por en medio de la gente. Rápido, rápido. Llegamos. ¡Por aquí Javi, Vane! Me dan el billete. Subimos. El bus arranca. Marcha. ¡Oh, no! Nos hemos marchado sin dar las gracias. ¡Qué rabia! ¡Con lo bien que se han portado! 

Dos horas de bus. Tomo la firme determinación de tramitar la petición para que la carretera a Yangshuó entre el Libro Guines de los Récords. Se lo merece. Es la carretera con más baches de la historia.

Yangshuó. Cuatro calles, trescientos millones de turistas por segundo, doscientas mil tiendas por metro cuadrado y todas las discotecas del universo en una manzana. Eso es Yangshuó. Pueblo tranquilo donde los haya.    

Buscamos hostel. Las vistas desde la terraza son preciosas. Comemos. Paseo en barco por el río. Puesta de sol. Jamás mis ojos vieron algo tan bonito. No hay cámara que pueda captar esta belleza, ni retina que la pueda olvidar.

18 de octubre de 2012

Dia 5: Los chicos son guerreros


Me despiertan los gritos de una chica. Son las 8:50. El despertador no ha sonado, ¿qué habrá pasado? De todas formas llego a tiempo. A la salida del hostel hay un mercadillo. Bien. Compro churros chinos. Vamos, que son los churros de toda la vida, pero claro, aquí son chinos. Riquísimos. Voy a por mi yogur. Llego a la parada. Según la chica del hostel debo coger el 608, según la guía también el 6 y el 706. Pregunto en la parada, un chico me informa que también el 255. Llega el 255, me subo. Pregunto para contrastar la información. Enseño el mapa de la ciudad y señalo la estación de tren. Allí llegarán Javi y Vanessa a las 10:30. Información errónea. Me bajo en la siguiente parada.

Tengo el mapa de la ciudad en la cabeza. Sé a donde tengo que ir. Pasa el 6. La parada está más adelante. Llego, espero. De repente ruido, gentío, banderas de China, más gente, ordas de gente. Tráfico colapsado. Al parecer Japón ha invadido unas islas chinas. La manifestación marcha. Mentira. Vuelve y ahora son más. Al otro lado alboroto, pero no lo puedo ver. El bus 6 y mil buses más van detrás de la manifestación. Ni ruta alternativa de buses, ni calle cortada. La cola de buses es considerable.

Llega el 6. Subo. No avanza. Me lamento. ¿Cojo una moto? Llego tarde. Espero que ellos también. Rotonda. Parados. El bus debe seguir de frente. Imposible. La manifestación colapsa toda la avenida. Miro al chófer. Le digo mentalmente: "gira, deja la manifestación, sáltate la ruta, gira, gira, gira..." Lo miro, miro la carretera. Lo miro. Le digo: "gira, gira, gira". El bus que nos precedía se mete en la manifestación. Dicen que nunca más se supo de ellos. Eran buena gente. El chófer mira para el frente y para el lateral. El frente a reventar, gente, banderas, gritos, gente. El lateral, carretera vacía. Vuelve a mirar para el frente y para la derecha. Yo insisto: "gira, gira, no te metas cabra loca, es una locura, ". Se levanta, dice algo, una mujer le responde y se baja. Y el chófer gira. Grande. Muy grande. Lo amo. Lo amo. Me amo a mí también, ¡tengo poderes! El resto de buses sigue atrapado.

No es su ruta, por lo tanto no hay paradas hasta la estación de tren. Al llegar allí se gira y me avisa que tengo que bajar. Es la primera vez que cojo un bus-taxi. China siempre innovando.

Vanessa y Javi llegan a los dos minutos. En el bus, camino a los Guerreros de Terracota, nos unimos a Edward, Sandi y Alexandra, de Venezuela. El carnet de estudiantes baja el precio de 150 yuanes a 75. ¡Qué suerte que la UB haga carnets del 2008 al 2013! Los Guerreros. Ahí están. Increíble. Un metro ochenta. Cada uno diferente. Más de 6.000. Todos en formación. Una proeza del ser humano. El emperador que los mandó construir quería tener un ejército consigo en el más allá. Se me antoja que él ya estaba un poco pa'llá, pero la obra es de un valor incalculable.

Vuelta. Son las 6. Bus al aeropuerto. Facturamos. Me ponen en primera clase. Flipo. La chica que me factura no sabe por qué, pero cuando ha metido mis datos, le sale primera clase, aunque mi billete es turista. Toma ya. Ceno en la zona VIP. El que me viera pensaría que llevo días sin comer. Como sin parar y voy metiendo comida en la mochila para Javi y Vanessa. Todo está exquisito. Vuelo de hora y media con tentempié y bebidas, totalmente estirado. Leo, ¡qué relax! Empiezo a comprender a la alta sociedad. Taxi hasta el hostel y a dormir. Es la una de la mañana.

Día 4: Xi'an


Obviaré las condiciones del lavabo de la estación. Ordas de personas nos dirigimos hacia la salida de la estación y ordas de personas nos esperan en la misma. Xi'an tiene 3 millones de habitantes. Consigo hacerme entender para averiguar dónde para el bus 706. Una vez allí le pregunto a una chica donde bajarme, porque no tengo ni idea. No tengo claro donde está el hostel. Llevo unas bolas rellenas de verduras que acabo de comprar como desayuno. Están buenas. Después de unos minutos la chica ya sabe a dónde tengo que ir y dónde tengo que parar, le pido que me lo escriba. Bolsa de bolas en una mano, manos grasientas, boli y papel en la otra, mochila grande detrás, mochila pequeña delante. Me lo escribe. Llega su bus y marcha. Al momento llega el mio. Le enseño mi escrito a la cobradora y me indica la cantidad que le tengo que pagar, le pago, me dice que ok, que pase para atrás. Una señora mayor ve la nota y me dice que me avisará. ¡Si te digo yo que esta gente es muy amable! Llega mi parada y la cobradora y la señora me avisan. Me bajo.

El hostel está cerca. Se sorprenden de verme. Casi no hablan inglés. No tengo reserva, pero consigo cama. Me relajo un poco y salgo a conocer Xi'an. Barrio musulmán, comercios, restaurantes, chiringuitos de todo tipo. Toca comer. Veo como hacen unos fideos largos en caldo con algo de carne y especias. Veo el proceso de la harina al fideo. Pregunto precio: 6 yuanes, no llega al euro. Me aseguro que Guo pu-che láata! Desde la primera pregunta se forma un revuelo entre las trabajadoras y los camareros más jóvenes. Decido comer aquí. Se ríen mucho. Llega mi tazón de caldo con fideos. 

Sigo la ruta. Torre del tambor. Gran Mezquita (muy original). Torre de la campana.

Callejeo. Llego a la parte sur de la muralla, que envuelve a la ciudad. Subo. Esta muralla es preciosa. Llego justo a la puesta de sol. Camino hasta que anochece. La muralla me ha atrapado. Camino en la penumbra. Somos pocos. Viajo. Al interior. Al contraste de los rascacielos y la muralla. El presente y el pasado conviven en Xi'an y no parece que la convivencia sea mala. Camino por la muralla y viajo en el tiempo. 

Toca volver. Callejeo rumbo al hostel. Decido meterme en un local grande, lleno de gente. Voy hasta la caja. No menú. Eso quiere decir no carta en inglés. Digo la frase que ya voy aprendiendo de memoria: Guo pu-che láata! La señora, peinada, maquillada y vestida a estilo china antigua, me señala una de los bols de los que come un señor. Pregunto precio. Escribe en la calculadora: 15 yuanes. Doy mi ok. Las camareras y un camarero, que no pasaba de los 14, ríen y sonríen mucho.

Llego al hostel. Al verme, se ríen y parece que se alivian, pensarían que me había perdido. Definitivamente, soy el único extranjero, el resto, chinos.
Me ha gustado mucho Xi'an. Yo creo que me he enamorado. 

12 de octubre de 2012

Día 3: Tun, tun, ¿quién es?


Dejo atada la vuelta en el hostel para la vuelta el día 28. Metro y bus para la muralla. Pitote en el bus porque no sabemos cuánto hemos de pagar, se creen que nos colamos, que noooo, ¡qué nos vamos a colar!, bueno por un momento lo pensé. ¿60  yuanes? Ah, por los cinco. 12 cada uno. Ok, todo en orden. Pagamos como personas civilizadas. Bea, Nico, Vanessa, Javi y yo. Durante el trayecto conocemos al que será nuestro chófer hasta la muralla. Bajamos en una parada siguiendo sus indicaciones y después de negociar precio se convierte en nuestro chófer. Es muy gracioso. Nos da dos tarjetas. Una suya, toda en chino. La otra de su primo, que tiene un negocio en Murcia. A la llegada negocia con nosotros la vuelta, nos ayuda en la gestión de las entradas y nos espera. Yo desconfío, pero ha sido sincero en todo lo que ha dicho. Además no nos cobra la ida en ese momento, sino que a la vuelta pagamos todo junto. Nos esperará las horas que tardemos.

Subimos en teleférico. La muralla es enorme, espectacular. Solamente subirla ya cuesta, imagina lo que fue construirla. El grupo se queda en una parte y yo continuo. Me fascina imaginar tanto trabajo, ¡tanto esfuerzo! Imagino como sería un ataque de los mongoles, montañas escarpadas, luchas, muralla. No hay palabras. La construcción en sí no tiene misterio, es una muralla militar, pero los kilómetros y kilómetros, su ubicación en las montañas, la historia que tiene... la convierten en una maravilla única. Está grabado en mi retina.

Vuelvo. Bajamos en tobogán. Ha llovido un poco y lo tienen que secar. Uno de los trabajadores nos da conversación. Es muy divertido. Javi le enseña la foto que tiene con Messi. 在世界上在世界上!!!!!!!! Está que no se lo cree. Llama a una compañera. Ve la foto y automáticamente la besa. Carcajadas de todos los que estamos en cola. La chica marcha, él continua con bromas. Sabe que el Madrid es el actual campeón de liga y como que  se ríe de los del Barça. Pero ha flipado con la foto de Messi. Nos reímos. Vanessa se le acerca y le dice: ¿te puedo decir una cosa? Silencio. ¡Ole tú! La mira, nos mira y ahí sí que estallamos de risa todos los que esperamos en cola. Se ríe y le da dos besos. Bajamos en tobogán.

Al hostel. No tengo mucho tiempo para preparar la maleta y resolver dudas del trayecto y estancia. Marcho corriendo a la estación. En el vagón del metro me doy cuenta que por metro no puedo llegar a la West Railway Station. ¡Ole tú, Fran! Sin dudarlo, le pregunto a una chica cómo llegar. No lo sabía, pero le había preguntado a mi ángel de la guarda. Me dice que puedo ir en bus. ¿En bus?, pero si voy justo de tiempo (ese fue mi pensamiento, mi inglés básico y el estrés del momento sólo dieron para señalar la muñeca, como si tuviera reloj y chapurrear en inglés que llegaría tarde) No, es rápido. Ok. Sígueme, es el bus que yo he de coger. Salimos del metro. Cogemos el bus. Se baja conmigo en la estación. Ya la quiero. Dice que su casa está aquí cerca, que la coge de camino. No sé chino y de inglés voy justo, pero vamos, al igual su casa coge camino de Cuenca. Me acompaña hasta el hall de salida de mi tren. Se ha portado muy bien. Gracias. Ok. Gracias,  gracias. Ok. No se mueve. Ahí sigue. Gracias. No se va. ¿Qué coño hago? Venga Fran, tienes recursos para esto y mucho más. Mmm. Gracias. No, gilipollas, eso ya lo has dicho, innova. Mmm. Vuelvo el 28. Ah, eso está mejor. Si quieres podemos quedar. Eso ya va estando mucho mejor. Ahí te he visto chaval. Me pide el teléfono. Nooooo, es muy caro. Mail. No, teléfono. Vale, whatsapp. No tiene. Mail. Teléfono. Venga va, teléfono, pero cada mensaje es carísimo y las llamadas ni te digo. Intercambiamos teléfonos y quedamos el 28 a las 8 p.m. en mi hostel. Dos besos. Bajo al andén. 

Un tren gigante me espera. Vagón 3, asiento 33. Miradas. Nooo, mi asiento no es ventanilla, no tendré donde apoyar la cabeza para dormir. Por cosas del destino, el asiento de la ventanilla está libre y la persona que lo debe ocupar me lo sede. Debe ser que no le mola la ventanilla. Bieeeen. Una hora después no he conseguido dormir. Primera parada. Un señor dubitativo se acerca hacia mí y me dice algo, parece indicar que estoy en su asiento. Pienso: de aquí no te mueve nadie Fran. Resiste como Chanquete. Saca su tíquet y, efectivamente, estoy en su asiento porque el mio era el de al lado. En ese momento el de al lado se levanta. No estaba en su asiento por eso me lo cedía. ¡¡Mierda!! Por cosas del destino, el asiento de la ventanilla no estaba libre. Maaaal. A las cinco de la mañana, mi acompañante marcha. Ahora me puedo estirar un poco y dormir. Ahora sí, Fran, descansa. ¿Y la maleta arriba? Tío, si la roban, que la roben, total, sólo se llevarán ropa. Zzzz

Día 2: Los de Barcelona

Según me despierto Whatsapp de Vanessa, ya están en el hostel. Habíamos hablado por el foro hace días.  Bajo, nos presentamos. Acabo de conocer a Vanessa y Javi, se convertirán en increíbles compañeros de viaje durante seis días. Vienen de Barcelona. Nico aparece y dice que Bea está muerta, que necesita dormir más. No problem. Vanessa y Javi tienen que ir a cambiar y les digo que compren ya el billete de tren, que la cosa está complicada. Había quedado con María (del foro también), le aviso que no me espere que llegamos tarde. Acompaño a Vanessa y Javi al banco y a la oficina de tren. No va Internet, no hay billetes. Tampoco había nadie que hablara inglés, pero esta vez eso no fue un inconveniente. Iniciamos la ruta al templo del cielo. Estamos relativamente cerca. Callejeamos. Encontramos otra oficina de billetes. Ahora sí, ya tienen billete a Xian para un día después que yo, allí nos volveremos a encontrar.

El templo del cielo espectacular. Nos cuesta identificar los edificios según las descripciones de la guía. Una chica alemana que habla castellano nos ayuda. Ya te decía yo que este edificio cuadrangular no era el de la cúpula. No podía ser, las cúpulas creo que son redondeadas. Tuvo que llegar la alemana a poner orden. Te digo yo que últimamente los alemanes están en todo. Muy bonito el Templo del Cielo. Ahora, necesitamos comer.

Camino al metro un cansino conductor de bici nos quiere llevar. Viene una vez. No, xie xie. 200 metros más adelante, aquí está nuevamente. No, thank you. La recta continúa y su persecución también. Joder, no sé cómo decirle que no. Me pongo de acuerdo con Vanessa. Se acerca, toca la pita, nos mira y los dos a la vez le decimos: Cansinooo!! Nos mira sorprendido y se va. Nos morimos de la risa. El cansino a funcionado. ¿Y si probamos, por ejemplo, con el "¡ole, tú!"? Esta se convierte en la expresión del día. Cuando se acerca un vendedor/a o taxista esa es nuestra respuesta. ¡Ooole tú! Ahí nos damos cuenta que da igual lo que digamos, no nos entendemos.

Sin saberlo, buscamos lo mismo para comer, un local chino auténtico. Lo encontramos. No hay carta en inglés, ni fotos. La mujer nos mira, no hay nadie. Nos señala un cuadro colgado en la pared. Es la foto de un burro. Ah, mira que bien. ¿Y eso qué quiere decir? ¿Es la mascota del lugar? ¿Un miembro más de la família? Bueno, disculpe pero venimos a comer. La mujer nos mira, se ríe. Llegan tres hombres. Se sientan, piden. Tiene buena pinta: carne dentro de un pan de hojaldre. La señora señala la carne y señala nuevamente la foto. ¡Aaah! Especialidad del local: carne de burro. Comemos lo mismo que los de al lado: lo dicho y una sopa con carne, de burro también. Nos costó pronunciarlas, pero pudimos llegar a decir: "Guo pu-che-láata". Así fue.

La ruta concluye en la torre del tambor y de la campana. Nos pegamos 10 minutos decidiendo si vemos las dos torres enteras o a la mitad. Claro porque el precio cambia. Y total, una vez que subes a la mitad ya has visto la torre, para qué más. Así podemos ver dos. O no, ¿y si resulta que llegas arriba del todo y la vista es impresionante y nos lo perdemos? No sé, tú que dices. No sé. Yo creo que mejor ver una entera, o no, no sé. Claro, porque...  Después descubrimos que "half" no era subir hasta la mitad de las torres, sino el descuento para estudiantes chinos. Las torres se ven enteras. Ataque de risa.¡Ole tú! Las cosas del idioma y las interpretaciones que se saca uno de la manga. Pues vimos una enterita.

El camino al metro es eterno y a la llegada al hostel estamos muertos. El día ha sido intenso y muy divertido.

Día 1: La llegada y el tren

Desconozco por qué le decimos Pekín cuando su nombre es Beijing. La cuestión es que el vuelo llegó bien y mi maleta también. Tengo la ruta en la cabeza. Me dirijo al Airport Express que me llevará al centro de la ciudad. Son 25 yuanes. Mientras espero me planteo que la aventura ha comenzado y que dentro de 21 días estaré aquí, de nuevo, para volver. Subo. Primeras imágenes de Beijing, de las afueras. Donghimen, Metro, 2 yuanes, transbordo hasta Quiamen.

Estoy al lado de Tianamen, pleno centro de Beijing. Echo a andar rumbo al hostel, en una bocacalle pregunto a un guardia enseñando mi dirección, ni idea. Sospecho que ya estoy en mi calle y decido continuar, sospechaba bien. Llego al Leo Hostel. Me instalo.

Bajo al bar-salón a conectarme a Internet via wifi y organizar lo que tengo que hacer. Escucho a una pareja hablar castellano. No me puedo conectar. Les pregunto. Me hablan en inglés, dudo... ¿pero habláis español? Obvio. Chilenos. Acababa de conocer a Nico y Bea. Hablamos un rato. Estarán un año viajando, han estado cuatro meses en Nueva Zelanda. Me dicen que al lado hay una oficina de tren. Perfecto. Ahí comenzó la aventura. Billete para Xian, 11 horas. Solo queda asiento, no hay litera. No me convence. Decido ir a la Railway Station. La plaza de la estación es enorme y está abarrotada. Ya sé donde están los 1350 millones de chinos. Aquí. No hay billete. Noooo. Vuelvo a la oficina pequeña. No está la persona que habla inglés. Perfecto. Mi inglés básico no es la ostia, pero es una garantía de un mínimo entendimiento. Billete Beijing - Xian, 13/09. Está fácil. Lo llevo escrito en inglés y en chino. Paso el papelito por la ventanilla. 无人售票. Mmm, do you speak english? 无人售票另一列火车. Ok, ok, a ver. Le enseño nuevamente el papel que llevo escrito. 无人售票另一列火车 另一列火车. Conseguí el billete, después de cuatro viajes hostel - oficina. Los del hostel me escribían en chino lo que yo quería y de allí a la oficina, donde el tipo me hablaba en chino y yo tenía que ir interpretando lo que pasaba. Repito, conseguí el billete. No el que buscaba, otro: 12 horas sentado, mil paradas. 

Al lado del hostel hay un Día. Tantos kilómetros para venir a parar a un supermercado Día. Ceno en un restaurante por 40 Y, costillas de cerdo con salsa agridulce. Mi primera experiencia con palillos no ha estado mal. Vuelvo al hostel. Nico y Bea me cuentan de un mercado nocturno donde se come todo tipo de bichos. Habrá que ir. Nos reímos un rato y quedamos para mañana hacer el día juntos. 

Primer día correcto. El señor de la venta de billetes acabó un poco cansado de mí, pero por lo demás todo bien. Tengo mi billete a Xian para el 13, estoy instalado, ninguna banda china de artes marciales ha acabado con mi vida (cada uno tiene sus propios miedos) y estoy en buena compañía.