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18 de octubre de 2012

Dia 5: Los chicos son guerreros


Me despiertan los gritos de una chica. Son las 8:50. El despertador no ha sonado, ¿qué habrá pasado? De todas formas llego a tiempo. A la salida del hostel hay un mercadillo. Bien. Compro churros chinos. Vamos, que son los churros de toda la vida, pero claro, aquí son chinos. Riquísimos. Voy a por mi yogur. Llego a la parada. Según la chica del hostel debo coger el 608, según la guía también el 6 y el 706. Pregunto en la parada, un chico me informa que también el 255. Llega el 255, me subo. Pregunto para contrastar la información. Enseño el mapa de la ciudad y señalo la estación de tren. Allí llegarán Javi y Vanessa a las 10:30. Información errónea. Me bajo en la siguiente parada.

Tengo el mapa de la ciudad en la cabeza. Sé a donde tengo que ir. Pasa el 6. La parada está más adelante. Llego, espero. De repente ruido, gentío, banderas de China, más gente, ordas de gente. Tráfico colapsado. Al parecer Japón ha invadido unas islas chinas. La manifestación marcha. Mentira. Vuelve y ahora son más. Al otro lado alboroto, pero no lo puedo ver. El bus 6 y mil buses más van detrás de la manifestación. Ni ruta alternativa de buses, ni calle cortada. La cola de buses es considerable.

Llega el 6. Subo. No avanza. Me lamento. ¿Cojo una moto? Llego tarde. Espero que ellos también. Rotonda. Parados. El bus debe seguir de frente. Imposible. La manifestación colapsa toda la avenida. Miro al chófer. Le digo mentalmente: "gira, deja la manifestación, sáltate la ruta, gira, gira, gira..." Lo miro, miro la carretera. Lo miro. Le digo: "gira, gira, gira". El bus que nos precedía se mete en la manifestación. Dicen que nunca más se supo de ellos. Eran buena gente. El chófer mira para el frente y para el lateral. El frente a reventar, gente, banderas, gritos, gente. El lateral, carretera vacía. Vuelve a mirar para el frente y para la derecha. Yo insisto: "gira, gira, no te metas cabra loca, es una locura, ". Se levanta, dice algo, una mujer le responde y se baja. Y el chófer gira. Grande. Muy grande. Lo amo. Lo amo. Me amo a mí también, ¡tengo poderes! El resto de buses sigue atrapado.

No es su ruta, por lo tanto no hay paradas hasta la estación de tren. Al llegar allí se gira y me avisa que tengo que bajar. Es la primera vez que cojo un bus-taxi. China siempre innovando.

Vanessa y Javi llegan a los dos minutos. En el bus, camino a los Guerreros de Terracota, nos unimos a Edward, Sandi y Alexandra, de Venezuela. El carnet de estudiantes baja el precio de 150 yuanes a 75. ¡Qué suerte que la UB haga carnets del 2008 al 2013! Los Guerreros. Ahí están. Increíble. Un metro ochenta. Cada uno diferente. Más de 6.000. Todos en formación. Una proeza del ser humano. El emperador que los mandó construir quería tener un ejército consigo en el más allá. Se me antoja que él ya estaba un poco pa'llá, pero la obra es de un valor incalculable.

Vuelta. Son las 6. Bus al aeropuerto. Facturamos. Me ponen en primera clase. Flipo. La chica que me factura no sabe por qué, pero cuando ha metido mis datos, le sale primera clase, aunque mi billete es turista. Toma ya. Ceno en la zona VIP. El que me viera pensaría que llevo días sin comer. Como sin parar y voy metiendo comida en la mochila para Javi y Vanessa. Todo está exquisito. Vuelo de hora y media con tentempié y bebidas, totalmente estirado. Leo, ¡qué relax! Empiezo a comprender a la alta sociedad. Taxi hasta el hostel y a dormir. Es la una de la mañana.

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