Dejo atada la vuelta en el hostel para la vuelta el día 28. Metro y bus para la muralla. Pitote en el bus porque no sabemos cuánto hemos de pagar, se creen que nos colamos, que noooo, ¡qué nos vamos a colar!, bueno por un momento lo pensé. ¿60 yuanes? Ah, por los cinco. 12 cada uno. Ok, todo en orden. Pagamos como personas civilizadas. Bea, Nico, Vanessa, Javi y yo. Durante el trayecto conocemos al que será nuestro chófer hasta la muralla. Bajamos en una parada siguiendo sus indicaciones y después de negociar precio se convierte en nuestro chófer. Es muy gracioso. Nos da dos tarjetas. Una suya, toda en chino. La otra de su primo, que tiene un negocio en Murcia. A la llegada negocia con nosotros la vuelta, nos ayuda en la gestión de las entradas y nos espera. Yo desconfío, pero ha sido sincero en todo lo que ha dicho. Además no nos cobra la ida en ese momento, sino que a la vuelta pagamos todo junto. Nos esperará las horas que tardemos.
Subimos en teleférico. La muralla es enorme, espectacular. Solamente subirla ya cuesta, imagina lo que fue construirla. El grupo se queda en una parte y yo continuo. Me fascina imaginar tanto trabajo, ¡tanto esfuerzo! Imagino como sería un ataque de los mongoles, montañas escarpadas, luchas, muralla. No hay palabras. La construcción en sí no tiene misterio, es una muralla militar, pero los kilómetros y kilómetros, su ubicación en las montañas, la historia que tiene... la convierten en una maravilla única. Está grabado en mi retina.
Vuelvo. Bajamos en tobogán. Ha llovido un poco y lo tienen que secar. Uno de los trabajadores nos da conversación. Es muy divertido. Javi le enseña la foto que tiene con Messi. 在世界上在世界上!!!!!!!! Está que no se lo cree. Llama a una compañera. Ve la foto y automáticamente la besa. Carcajadas de todos los que estamos en cola. La chica marcha, él continua con bromas. Sabe que el Madrid es el actual campeón de liga y como que se ríe de los del Barça. Pero ha flipado con la foto de Messi. Nos reímos. Vanessa se le acerca y le dice: ¿te puedo decir una cosa? Silencio. ¡Ole tú! La mira, nos mira y ahí sí que estallamos de risa todos los que esperamos en cola. Se ríe y le da dos besos. Bajamos en tobogán.
Al hostel. No tengo mucho tiempo para preparar la maleta y resolver dudas del trayecto y estancia. Marcho corriendo a la estación. En el vagón del metro me doy cuenta que por metro no puedo llegar a la West Railway Station. ¡Ole tú, Fran! Sin dudarlo, le pregunto a una chica cómo llegar. No lo sabía, pero le había preguntado a mi ángel de la guarda. Me dice que puedo ir en bus. ¿En bus?, pero si voy justo de tiempo (ese fue mi pensamiento, mi inglés básico y el estrés del momento sólo dieron para señalar la muñeca, como si tuviera reloj y chapurrear en inglés que llegaría tarde) No, es rápido. Ok. Sígueme, es el bus que yo he de coger. Salimos del metro. Cogemos el bus. Se baja conmigo en la estación. Ya la quiero. Dice que su casa está aquí cerca, que la coge de camino. No sé chino y de inglés voy justo, pero vamos, al igual su casa coge camino de Cuenca. Me acompaña hasta el hall de salida de mi tren. Se ha portado muy bien. Gracias. Ok. Gracias, gracias. Ok. No se mueve. Ahí sigue. Gracias. No se va. ¿Qué coño hago? Venga Fran, tienes recursos para esto y mucho más. Mmm. Gracias. No, gilipollas, eso ya lo has dicho, innova. Mmm. Vuelvo el 28. Ah, eso está mejor. Si quieres podemos quedar. Eso ya va estando mucho mejor. Ahí te he visto chaval. Me pide el teléfono. Nooooo, es muy caro. Mail. No, teléfono. Vale, whatsapp. No tiene. Mail. Teléfono. Venga va, teléfono, pero cada mensaje es carísimo y las llamadas ni te digo. Intercambiamos teléfonos y quedamos el 28 a las 8 p.m. en mi hostel. Dos besos. Bajo al andén.
Un tren gigante me espera. Vagón 3, asiento 33. Miradas. Nooo, mi asiento no es ventanilla, no tendré donde apoyar la cabeza para dormir. Por cosas del destino, el asiento de la ventanilla está libre y la persona que lo debe ocupar me lo sede. Debe ser que no le mola la ventanilla. Bieeeen. Una hora después no he conseguido dormir. Primera parada. Un señor dubitativo se acerca hacia mí y me dice algo, parece indicar que estoy en su asiento. Pienso: de aquí no te mueve nadie Fran. Resiste como Chanquete. Saca su tíquet y, efectivamente, estoy en su asiento porque el mio era el de al lado. En ese momento el de al lado se levanta. No estaba en su asiento por eso me lo cedía. ¡¡Mierda!! Por cosas del destino, el asiento de la ventanilla no estaba libre. Maaaal. A las cinco de la mañana, mi acompañante marcha. Ahora me puedo estirar un poco y dormir. Ahora sí, Fran, descansa. ¿Y la maleta arriba? Tío, si la roban, que la roben, total, sólo se llevarán ropa. Zzzz
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