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12 de octubre de 2012

Día 2: Los de Barcelona

Según me despierto Whatsapp de Vanessa, ya están en el hostel. Habíamos hablado por el foro hace días.  Bajo, nos presentamos. Acabo de conocer a Vanessa y Javi, se convertirán en increíbles compañeros de viaje durante seis días. Vienen de Barcelona. Nico aparece y dice que Bea está muerta, que necesita dormir más. No problem. Vanessa y Javi tienen que ir a cambiar y les digo que compren ya el billete de tren, que la cosa está complicada. Había quedado con María (del foro también), le aviso que no me espere que llegamos tarde. Acompaño a Vanessa y Javi al banco y a la oficina de tren. No va Internet, no hay billetes. Tampoco había nadie que hablara inglés, pero esta vez eso no fue un inconveniente. Iniciamos la ruta al templo del cielo. Estamos relativamente cerca. Callejeamos. Encontramos otra oficina de billetes. Ahora sí, ya tienen billete a Xian para un día después que yo, allí nos volveremos a encontrar.

El templo del cielo espectacular. Nos cuesta identificar los edificios según las descripciones de la guía. Una chica alemana que habla castellano nos ayuda. Ya te decía yo que este edificio cuadrangular no era el de la cúpula. No podía ser, las cúpulas creo que son redondeadas. Tuvo que llegar la alemana a poner orden. Te digo yo que últimamente los alemanes están en todo. Muy bonito el Templo del Cielo. Ahora, necesitamos comer.

Camino al metro un cansino conductor de bici nos quiere llevar. Viene una vez. No, xie xie. 200 metros más adelante, aquí está nuevamente. No, thank you. La recta continúa y su persecución también. Joder, no sé cómo decirle que no. Me pongo de acuerdo con Vanessa. Se acerca, toca la pita, nos mira y los dos a la vez le decimos: Cansinooo!! Nos mira sorprendido y se va. Nos morimos de la risa. El cansino a funcionado. ¿Y si probamos, por ejemplo, con el "¡ole, tú!"? Esta se convierte en la expresión del día. Cuando se acerca un vendedor/a o taxista esa es nuestra respuesta. ¡Ooole tú! Ahí nos damos cuenta que da igual lo que digamos, no nos entendemos.

Sin saberlo, buscamos lo mismo para comer, un local chino auténtico. Lo encontramos. No hay carta en inglés, ni fotos. La mujer nos mira, no hay nadie. Nos señala un cuadro colgado en la pared. Es la foto de un burro. Ah, mira que bien. ¿Y eso qué quiere decir? ¿Es la mascota del lugar? ¿Un miembro más de la família? Bueno, disculpe pero venimos a comer. La mujer nos mira, se ríe. Llegan tres hombres. Se sientan, piden. Tiene buena pinta: carne dentro de un pan de hojaldre. La señora señala la carne y señala nuevamente la foto. ¡Aaah! Especialidad del local: carne de burro. Comemos lo mismo que los de al lado: lo dicho y una sopa con carne, de burro también. Nos costó pronunciarlas, pero pudimos llegar a decir: "Guo pu-che-láata". Así fue.

La ruta concluye en la torre del tambor y de la campana. Nos pegamos 10 minutos decidiendo si vemos las dos torres enteras o a la mitad. Claro porque el precio cambia. Y total, una vez que subes a la mitad ya has visto la torre, para qué más. Así podemos ver dos. O no, ¿y si resulta que llegas arriba del todo y la vista es impresionante y nos lo perdemos? No sé, tú que dices. No sé. Yo creo que mejor ver una entera, o no, no sé. Claro, porque...  Después descubrimos que "half" no era subir hasta la mitad de las torres, sino el descuento para estudiantes chinos. Las torres se ven enteras. Ataque de risa.¡Ole tú! Las cosas del idioma y las interpretaciones que se saca uno de la manga. Pues vimos una enterita.

El camino al metro es eterno y a la llegada al hostel estamos muertos. El día ha sido intenso y muy divertido.

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