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24 de octubre de 2012

Día 7: Yangshuó, ciudad sin ley, belleza incomparable



La garganta. La ventana se ha quedado abierta toda la noche. Molestia. Se me pasará. Nos espera un día de aventura natural. Y no me refiero al desayuno americano de huevos, bacon, salchicha, etc, que de natural tenía poco.

Empieza la ruta. Alquilamos  bicis de montaña y hacemos 8 km hasta la Moon Hill. El tráfico es una... mmm  locura no, lo siguiente, pero hay cierto orden. Esto es un ejemplo claro de entropía: orden en el caos. Conducir aquí es apasionante, excitante, a la vez que fácil. Has de seguir solamente dos normas: no parar bajo ningún concepto, aunque venga un coche en dirección contraria por tu carril y tocar la pita constantemente.
(Volvemos después de los anuncios).

Teletienda (voz de anunciante): 
"¿Cansado de presentarse una y otra vez al carnet de conducir sin pasar la prueba?, ¿de aguantar suspenso tras suspenso la cara de sus amigos que ríen y se burlan de usted a todas horas? Pues no busque más. Ya está aquí el auténtico carnet de conducir chino apto para todas las regiones del planeta. Sólo tiene que demostrar su habilidad tocando la pita y pasándose por el forro toda señal que encuentre a su paso. Tan fácil como eso".

En la entrada a la montaña unas señoras nos dan la lata. Que no. Siguen. Que no. Me ponen una libreta delante. La aparto. Buscamos la entrada. ¿Dónde dejamos las bicis? ¿Seguro que es aquí? Nuevamente las señoras. Libreta delante. La aparto. Cuando lo hago veo anotaciones en castellano: "estas abuelas son de fiar, te cuelan en la montaña y vigilan las bicis", "estas señoras..." Firmaba gente de Barcelona, Argentina, etc. Esto es muy bueno. Aceptamos barco. Nos cuelan por 5 yuanes. Nos ahorramos nada, 10 yuanes, pero la experiencia de colarnos por una entrada secreta es muy divertida. Tienen una buena red montada. Una cuida las bicis, otra busca nuevos clientes y otra nos guía hasta la entrada secreta.

Subimos los 900 escalones. Antes, nos encontramos a Marisa y Mario. Irán también a las cuevas de barro, por 70 yuanes. Llegamos a la cima. Sin palabras. El paisaje nos conmueve. Volvemos. En la entrada nos encontramos con las señoras. Les escribo en la libreta que son de fiar, que te cuelan y te vigilan las bicis. Nos consiguen una guía que nos ofrece la entrada a las water cave por 100 yuanes. Negocia Vanessa. Acuerdan 70 yuanes. Miro firmemente a Vanessa y niego con la cabeza. Vanessa dice 60. La guía acepta.  Seguro que nos estafan igual, lo pienso siempre, pero es que es realmente muy barato, además somos turistas y esta gente no sabes cuándo vuelve a hacer negocio. Microbus a las cuevas. Experiencia de contrastes. Entramos en barca. Una vez nos deja la barca, andamos mucho cueva adentro, subimos, bajamos, nos agachamos. Llegamos al momento esperado. El momento esperado es en agua fría. Piscina natural de barro. Baño de barro. Cabeza incluida. Después de 10 minutos emprendemos el regreso. Tirito. Totalmente embarrados, llegamos a las piscinas de agua caliente. La gloria. Baño de aguas termales. 20 minutos en agua casi hirviendo. Reconstituyente. Salimos. Frío. No tenemos toalla. Humedad. Ya es seguro que caigo enfermo. Mi garganta no había vuelto a dar señales de vida, pero esto ha sido matador. Volvemos en bici. Genial. Nuevamente excitante. La conducción aquí es realmente anárquica y ordenada. Paseo por las calles comerciales. Ducha y a cenar. Primeros escalofríos y mal cuerpo. Caldo de fideos y carne. Sólo pienso en coger la cama. Vuelta al hostel. Ibuprofeno y a dormir.

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