La garganta. La ventana se ha quedado abierta toda la noche. Molestia. Se me pasará. Nos espera un día de aventura natural. Y no me refiero al desayuno americano de huevos, bacon, salchicha, etc, que de natural tenía poco.
Empieza la ruta. Alquilamos bicis de montaña y hacemos 8 km hasta la Moon Hill. El tráfico es una... mmm locura no, lo siguiente, pero hay cierto orden. Esto es un ejemplo claro de entropía: orden en el caos. Conducir aquí es apasionante, excitante, a la vez que fácil. Has de seguir solamente dos normas: no parar bajo ningún concepto, aunque venga un coche en dirección contraria por tu carril y tocar la pita constantemente.
(Volvemos después de los anuncios).
Teletienda (voz de anunciante):
"¿Cansado de presentarse una y otra vez al carnet de conducir sin pasar la prueba?, ¿de aguantar suspenso tras suspenso la cara de sus amigos que ríen y se burlan de usted a todas horas? Pues no busque más. Ya está aquí el auténtico carnet de conducir chino apto para todas las regiones del planeta. Sólo tiene que demostrar su habilidad tocando la pita y pasándose por el forro toda señal que encuentre a su paso. Tan fácil como eso".
En la entrada a la montaña unas señoras nos dan la lata. Que no. Siguen. Que no. Me ponen una libreta delante. La aparto. Buscamos la entrada. ¿Dónde dejamos las bicis? ¿Seguro que es aquí? Nuevamente las señoras. Libreta delante. La aparto. Cuando lo hago veo anotaciones en castellano: "estas abuelas son de fiar, te cuelan en la montaña y vigilan las bicis", "estas señoras..." Firmaba gente de Barcelona, Argentina, etc. Esto es muy bueno. Aceptamos barco. Nos cuelan por 5 yuanes. Nos ahorramos nada, 10 yuanes, pero la experiencia de colarnos por una entrada secreta es muy divertida. Tienen una buena red montada. Una cuida las bicis, otra busca nuevos clientes y otra nos guía hasta la entrada secreta.
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