Obviaré las condiciones del lavabo de la estación. Ordas de personas nos dirigimos hacia la salida de la estación y ordas de personas nos esperan en la misma. Xi'an tiene 3 millones de habitantes. Consigo hacerme entender para averiguar dónde para el bus 706. Una vez allí le pregunto a una chica donde bajarme, porque no tengo ni idea. No tengo claro donde está el hostel. Llevo unas bolas rellenas de verduras que acabo de comprar como desayuno. Están buenas. Después de unos minutos la chica ya sabe a dónde tengo que ir y dónde tengo que parar, le pido que me lo escriba. Bolsa de bolas en una mano, manos grasientas, boli y papel en la otra, mochila grande detrás, mochila pequeña delante. Me lo escribe. Llega su bus y marcha. Al momento llega el mio. Le enseño mi escrito a la cobradora y me indica la cantidad que le tengo que pagar, le pago, me dice que ok, que pase para atrás. Una señora mayor ve la nota y me dice que me avisará. ¡Si te digo yo que esta gente es muy amable! Llega mi parada y la cobradora y la señora me avisan. Me bajo.
Sigo la ruta. Torre del tambor. Gran Mezquita (muy original). Torre de la campana.
Toca volver. Callejeo rumbo al hostel. Decido meterme en un local grande, lleno de gente. Voy hasta la caja. No menú. Eso quiere decir no carta en inglés. Digo la frase que ya voy aprendiendo de memoria: Guo pu-che láata! La señora, peinada, maquillada y vestida a estilo china antigua, me señala una de los bols de los que come un señor. Pregunto precio. Escribe en la calculadora: 15 yuanes. Doy mi ok. Las camareras y un camarero, que no pasaba de los 14, ríen y sonríen mucho.
Llego al hostel. Al verme, se ríen y parece que se alivian, pensarían que me había perdido. Definitivamente, soy el único extranjero, el resto, chinos.
Me ha gustado mucho Xi'an. Yo creo que me he enamorado.
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