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26 de octubre de 2012

Día 8: Con ayuda de las drogas


Según el termómetro de Vanessa tengo 37.4º, aunque yo no me noto fiebre. No pasa nada. Mal cuerpo y mocos. Mi camello me pasa un mucolítico. Antes ya me había dado Ibuprofeno en pastillas, más práctico que mis sobres. Repetimos desayuno donde ayer. Huevos, bacon, tostadas, café y zumo de naranja. Bicis y a Fulí. Paisaje realmente bonito, pero yo no estoy para esto. Me encuentro mal. Estoy débil y la bici no ha sido una gran idea. Cruzamos el río en barca. 5 minutos. Suficientes para quedarme dormido. No tenía que haber venido. Necesito meterme en la cama. Llegamos a Fulí. No encontramos las casas de piedra que decía la guía. Buscamos donde comer. Comemos. Me recupero un poco. Miro la tele. 

La vuelta en bici cuenta con unas rampas importantes, una carretera polvorienta en pésimas condiciones, mucha circulación de camiones que a su paso levantan auténticas polvaredas y cortes intermitentes de carretera.

A la llegada a Yangshuo nos encontramos con Mario y Marisa. Última vez que los veremos porque seguimos rutas diferentes. Ahora sí, les pido el teléfono por si coincidimos en Shanghai y nos presentamos. Cosa que no habíamos hecho hasta ahora. Hasta la próxima. Suerte. Suerte. Llego al hostel. Me duermo en el sofá. Tengo hambre pero no apetito. Me duele la cabeza. Tengo mal cuerpo. Me quedo. Chicos,  me quedo aquí esta noche. No. Voy. Venga va, me espabilo. No sé si tomarme un ibuprofeno. La cabeza y las cervicales me van a reventar. Vanessa, mi camello particular, me da un protector de estómago y tras éste me tomo el ibuprofeno.

Salimos rumbo a la estación. 18 yuanes, hora y media y estaremos de nuevo en Guilin. Ya en el bus me encuentro mejor. Bien. Mucho mejor. Incluso con fuerzas. Retomo el diario que abandoné hace tres días. Guilin parece ahora más grande. Más luminosa.

Un taxi al aeropuerto 120 yuanes. Lo mismo que a la ida, pero ahora no es de madrugada. No queda otra. Se van Javi y Vanessa. A Hangzhou. Yo estaré allí en unos días, pero ellos ya habrán marchado a Japón. Despedida. Los voy a echar de menos. Llevamos una semana juntos muy intensa. Rápido, al aeropuerto por favor, que llegamos tarde. Chao. Suerte. Suerte. Disfruten. Nos vemos. Venga.

Rumbo al Green Forest Hostel. Ceno. Tengo hambre y apetito, mucho. El mal cuerpo, los escalofríos y la tos han desaparecido. Las drogas han surtido efecto. He cenado bien, pero me falta algo. Son las 23:40. Salgo. Las calles vacías de Guilin me dan paz. Camino en la noche. Me compro unos dulces. Es el postre. Continúo. Encuentro un mercadillo nocturno. Compro fruta.  Es el post-postre. Son las 0:30 y las calles aún más vacías me reconfortan. Me siento bien. Agradecido con la vida. La fiebre, el mal cuerpo y los escalofríos parecen de un pasado lejano. Como si hubieran sido cosa de ayer o antes de ayer.

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