Este blog pretende relatar las vivencias de mi viaje a China, si estás buscando información para organizar tu viaje deberías dirigirte a otras webs y foros.

13 de diciembre de 2012

Día 21: Misterios sin resolver y despedida


Fiesta Nacional China. Me dirijo a Tiananmen. La plaza pública más grande del mundo. Las ordas de personas nos dirigimos a la plaza. Estoy todavía lejos y esto ya está colapsado. Nos apretujamos en las aceras. Yo me pregunto qué ocurrirá dentro de la plaza. Y ellos se preguntan que hago yo aquí. No veo ningún occidental. Llego justo cuando se abre el acceso. La marabunta ya está en movimiento. Entrar en la plaza requiere sus pertinentes colapsos en las calles de acceso (somos más personas de lo que la acera permite), paciencia, saltarse algunos controles estúpidos (la policía, que por cierto siempre se mostró muy amable, pretende que la marabunta pases en fila de uno por el check-in de bolsos, eso es imposible, la marabunta se abarrota, corre y se atumulta a borbotones) y amor a la patria o curiosidad, que era mi caso.

¿Qué pasará dentro? ¿Habrán gradas preparadas para un discurso del presidente? Claro, por eso la gente corre, hay que coger un buen sitio. No. No hay gradas. ¿Pasará el desfile militar por aquí y éste es un lugar privilegiado para verlo? Claro, por eso corren, hay que coger un buen sitio. No. No vi nada parecido. Qué pasa dentro de la plaza es un misterio aún sin resolver. No vi nada que no hubiera visto otros días. Gente sacándose fotos. ¿Para eso el agobio? ¿Para eso las prisas y las colas? No lo sé, yo no encontré respuesta. Puede que luego ocurriera algo, pero desde luego no había nada montado. Cuando salía, más ordas de personas seguían nutriendo la gigantesca plaza. 

La visita matutina me dejó sorprendido y agotado. Vuelvo al hostel. Al poco aparece Rina. ¿Te ha dicho algo la china? Esa es la pregunta más repetida en estos días. Xi Jing volvió a escribir al día siguiente. Dos sms. Preguntaba qué quería que viéramos juntos al día siguiente, dónde nos veíamos y también si podía traer a un amigo/a. No está claro si era amigo o amiga, eso es lo que tiene la lengua de Shakespeare, que "friend" vale para los dos. Por segunda vez, ya lo hice cuando nos conocimos, le dije que los sms eran muy caros y que nos escribiéramos mejor por mail para comunicarnos largo y tendido y sin limitaciones. Xi Jing no volvió a comunicarse más. Qué pasó es otro misterio sin resolver. Una teoría aceptable podría ser que Xi Jing creyó encontrar un europeo rico y descubrió que no era así. Y, la verdad, para quedarse con uno pobre se quedaba con un chino, que le quedaban más cerca. A Rina le pareció aceptable la teoría.

Las 3 de la tarde. Me voy que no llego al Templo de los Lamas, cierra a las 4:30. En bus no, pero en bici seguro que llegas. Grande, muy grande. Pues si vas en bici voy. Ok. En 10 minutos estoy lista. Perfecto. 

Las ciudades en bici se hacen más agradables. Y Beijing se convierte de repente en una ciudad espaciosa, respetuosa, accesible. Por momentos, el carril bici es más ancho que dos carriles de coche. Ahí vamos todos. Es fantástico. Pedalea sin parar por las grandes avenidas, por las rectas interminables, no pares, pedalea, disfruta, abre los brazos, respira, las calles son anchas, los edificios grandes, pero las calles anchas. Beijing se transforma. Para llegar al templo, la gran avenida da paso a un Hutong, calles antiguas de viviendas unifamiliares. La calle es estrecha, la vida cercana. Beijing parece por momentos un pueblo. Los muchos Hutongs son prueba se ello. Esta ciudad es increíble.

La vuelta al hostel es nuevamente una inyección de endorfinas en cada pedaleo, esta vez nocturno. las luces de la Gran Fiesta Nacional y la luna llena iluminan la ciudad. El pedaleo nocturno es excitante. La felicidad me vuelve a salir al paso en este viaje. Sólo hacía falta una bici. Bordeamos Tiananmen, sus alrededores siguen abarrotados. La plaza ya ha sido cerrada al público. Bajamos. El hostel sigue ahí.

Se acabó. Ya está. Ahora toca lo peor, intentar meter en la maleta lo viejo y lo nuevo. La habitación está apagada, la gente duerme. Saco las cosas a la sala. Estoy agotado. No quiero hacer la maleta. Mis cosas ocupan todo el banco. Ropa, bolsas, zapatos, neceser, toalla,... Juego un billar. Venga. Tienes que hacer la maleta. La pena me invade. La satisfacción también. Esto ha valido mucho la pena. China estará siempre en mi recuerdo. No me quiero ir. 21 días. Parece mucho más. Qué lejos quedan ya Vanessa y Javi, la Gran Muralla, el ole tú, el barrio musulmán y la muralla de Xian, las carreras para coger trenes y buses, los viajes nocturnos en tren, el tráfico en Yangshuó y sus increíbles paisajes, las terrazas de arroz, el universo de Javi y Hipi, el lago de Hangzhou, las luces y vitalidad de Shanghai, la belleza de Suzhou. 

Conseguido, todo dentro. Maleta hecha. Es la una. Despiértame mañana para despedirte. Ok, Rina. Hasta mañana. Descansa. Aguanto un poco más despierto. Mañana toca vuelo de mil horas. No sé cuántas, la verdad. Toca desandar el camino al aeropuerto. Volver allí donde llegué el primer día, sin saber lo que  me esperaba. Ahora sí. Me duermo. Caigo rendido pensando que la fiesta nacional no ha sido para tanto y con la duda de si, finalmente, pasó algo dentro de la plaza.

10 de diciembre de 2012

Día 20: La muerte tiene nombre de legión o de salmón


Rina, Rina, son las 10:30. Ok. Así habíamos quedado anoche, que yo la despertaría cuando me levantara y ella vería si se venía o no al Palacio de Verano. Al final fue que sí. Rina se terminó convirtiendo en mi compañera de viaje los últimos dos días. Y cada día de este viaje es tan intenso que dos días es un montón. Duerme en mi misma habitación y el deje chileno la delata a kilómetros. Estuvimos hablando anoche. Está viajando sola. Ha estado por el sudeste asiático y China es su última parada. 

Me pareció agradable y sobre todo sincera, muy sincera. Cuando se enteró de mis dos semanas de mocos infecciosos, no tuvo reparo en decir lo que pensaba. Eso, eso va a ser mmm, no me acuerdo como se dice. La enfermedad esa de los aires acondicionados. ¿Legionela? Exacto, legionela. ¡Ah!, ¿sí?, ¿tú crees? Sí, dos semanas y no se te quita, sí, legionela. Rina. ¿Sí? Tengo entendido que la legionela mata si no se coge a tiempo (el cual ya empezaba a ser mi caso). Exacto, mata. Gracias, ya me quedo más tranquilo. No sabía lo que podía tener y la incertidumbre me estaba matando. Ahora ya sé que lo que me está matando es la legionela. Después de esto la vida sólo podía ir a mejor. El tiempo que durara eso sí.

Iniciamos la ruta y como buenos llaneros solitarios, en el Palacio de Verano nos separamos. La cuestión es que cada uno fuera a su ritmo y el mio era muy lento. Me enamoró el lugar. La caída de la tarde hacía del momento y del lugar algo increíble. Son mis últimos días en China y Beijing está resultando sorprendente, precioso. El atardecer sobre el lago, sobre los sauces y las distintas estancias del palacio, el cielo azul, las barcas, las montañas cercanas.

Al cierre, me dirigí a Silk Street. El más agresivo de los mercados en la historia de la humanidad, con permiso de Wall Street. Ayer Sanlitún me había preparado. Pues más de lo mismo, pero con más intensidad.

A la llegada al hostel busco a Rina. Le cuento mi experiencia silkstreet-era y me acompaña a cenar. La barbacoa está a la orden del día. En la calle siempre hay puestos de comida hecha a la barbacoa. Como descubran a Georgi Dann, hacen de su canción el himno nacional. Entonces sí que iba a ver una revolución en China. ¿1.350 millones de chinos cantando La Barbacoa? Sería la hostia. 

La cena termina siendo divertida. De momento la legionela me deja con vida, pero le ha salido un duro competidor. La salmonela. El cocinero rellena una botella de plástico con huevos crudos y la deja al lado de la plancha, cogiendo calorcito. Cuando alguien quiere un huevo, abre la botella, derrama un poco de mezcla sobre la plancha y listo. La cuestión es que mi pimiento va relleno de huevo. ¿Cuánto tiempo lleva esa botella ahí con los huevos crudos? Misterio sin resolver. Rina, ¿tú cómo lo ves? Despreocúpate, ya tienes legionela, no creo que la salmonela sea peor. Gran cena, grandes risas.  

9 de diciembre de 2012

Día 19: Regateo, regateo!

Mañana en el hostel. He dormido como un campeón. Desayuno, peli y poner el diario al día. Suficiente.

Son las 3 de la tarde. Me voy al mercado de Sanlitún, que según dicen es menos agresivo que Silk Street. Es menos agresivo, sí, pero el regateo es agotador. Barato amigo, pala ti muy barato. Una vez te has probado la prenda, antes te han reclamado desde mil tiendas para que entres y compres, empieza el (pongámosle música, algo muy cutre, porque no se merece otra cosa, por ejemplo la de "bulería bulería") "regateo, regateo". Coge la calculadora y dice: "pala otlos amigo (y marca en la calculadora) 850, pala ti (calculadora en mano), 750. Muy barato amigo, muy barato". Barato lo saben decir bien. Yo, curtido en la universidad de la vida, marco 70. Estás loco, amigo. Algunos me ponen la mano en la frente como si tuviera fiebre. Es buenísimo. Entonces yo también lo hago, le pongo la mano en la frente. Aquí pueden ocurrir tres cosas. La primera. El/la vendedor/a pasa tres kilos de mí. Realmente estoy loco. Me he colado. Seguiremos la ruta sabiendo que para ese producto el valor es mayor. La segunda. Yo paso tres kilos de la venta. Me agota regatear en cada lado, además no estoy seguro de querer la prenda. Hay mil tiendas, seguiré buscando.

La tercera. El/la venderor/a me agarra la muñeca y me pide o que suba un poco o que pongo mi precio final, son frases aprendidas que repiten en todos lados. Yo marco 70. El marca 700. Ya ha bajado 50 yuanes. Yo intento salir de la tienda. Me mantiene agarrado de la muñeca, flojo, me placa, no me deja salir. Yo intento salir. Amigo ( y aquí incorpora una descripción de la prenda que la hace de calidad, esto ya en inglés, o que tiene goretex o que es de piel, o que tiene doble forro...). Marco 70. Un poquito más amigo. El marca 600. Seguimos bajando. Consigo salir de la tienda. Ahí se produce el salto cualitativo en el precio, que cae en picado. 400. Yo hago que sigo, pero me giro y digo 70. Pala ti 350. Setenta. Ya desde el pasillo. Sigo avanzando. Entonces escuchas un amigo, amigo. Me giro, vuelvo un poco, quiere que entre en la tienda. 200. Es mi último plecio. Setenta. 150. Setenta. Me giro, me voy. Aquí puede ocurrir o bien que ahí se queda el precio, 150, no baja más, eso quiere decir que es el precio más ajustado por ese producto, nadie más bajará más. O bien que terminemos llegando a 70 u 80 y me lleve la prenda. En el primer caso, marcho ya sabiendo el precio que puedo conseguir y si después de seguir mirando otras cosas ésta me gusta más, vuelvo a por ella y pago los 150. En el segundo de los casos, me llevaré la prenda y escucharé otra frase que pronuncian perfectamente en castellano. Tú, muy tacaño, amigo, muy tacaño.

Notas:
1. Éste es simplemente un ejemplo aproximado, las situaciones son muy cambiantes y cada negociación es diferente, pero ésta tiene patrones comunes a muchas de ellas. 
2. Los precios son un ejemplo. Me llevé por ejemplo un abrigo por 260 yuanes y unas bambas por 70. En el caso del abrigo el precio inicial era 2.000 yuanes. 
3. En todos los casos, detrás del regateo hay personas. Personas que viven de esto, que trabajan todo el día, incluso festivos. Abren a las 9 y cierran a las 21. Fui varios días, festivo y laborable, en horario de mañana y de tarde y vi las mismas personas en sus puestos de trabajo. Todos queremos mejorar nuestras condiciones de vida. Es lógico pedir 2.000 yuanes por una prenda que terminas vendiendo por 260. Si un turista paga 2.000 yuanes, perfecto. De hecho, puede que los pague en Europa por esa prenda. Podría ver engaño o mala fe en ello. Yo vi personas compitiendo (hay mil tiendas) por intentar mejorar. Bienvenidos/as a lo peor del capitalismo. Y para colmo, en una dictadura comunista. 

4 de diciembre de 2012

Día 18: Xi Jing, el reencuentro.


Voy despertando. El tren, silencioso, muestra un día espectacular. Beijing amanece soleado y limpio. La atmósfera es clara, pura. Parece que hubiera llovido días. Ya estoy otra vez aquí. Me parece regresar a casa. Ha pasado tanto tiempo desde que empezó esta aventura. Han pasado tantas cosas en tan poco tiempo. Queda tan lejana mi llegada anterior a la ciudad. Miro atrás y tomo consciencia. Llegando solo a la ciudad. Sin conocer nada. Todo era nuevo. Me da vértigo de pensarlo. Pienso en lo vivido. Me invade la alegría. Esto ha merecido mucho la pena. Ya es parte de mi. Imborrable. Inseparable de mi existencia.   


Llego al hostel. La reserva sigue ahí. Me instalo. Otra vez aquí, Leo Hostel. Estoy descansado. Empieza la ruta. Toca Forbiden City, palacio de emperadores durante siglos, máquina de hacer dinero durante estos días. No lo diré ni una vez más, no lo vuelvo a repetir: espectacular. Eso sí, como casi todo en este país, reconstruido varias veces después de diferentes destrucciones. Que si la guerra anglofrancesa - china, que si la primera guerra del opio, que si la represión después de una revuelta,... Vamos, todo antiguo y todo como nuevo. Además, es un palacio curioso. Rompe mi concepto de palacio. Es abierto, al aire libre, con muchos edificios comunicados por plazas y pasillos a la intemperie. 

Forbiden City acaba con mis energías. Cuatro horas de palacio acaban con cualquiera. A parte, mis mocos, que no me han abandonado, también están cansados. Ya se me hace evidente que tengo una infección. No tengo fiebre, pero estos compañeros del color esperanza no son buena señal y además estoy muy cansado. Camino en busca del hostel. Hay mucho camino. Necesito comer, estoy desfallecido. Como. Pero sigo cansado, mucho, agotado. Decidido: mañana relax, mi cuerpo ha dicho basta. 18 días sin parar, ni un rato de descanso. No puede ser. 

Topo sin saber con el famoso mercado nocturno. ¡¡¡Diosss!!! Lo ha hecho!! Se ha comido ese escorpión vivo. Por esto es famoso el lugar. Me distraigo mirando el resto de puestos. Ahora sí, directo al hostel. Me caigo de cansancio. Son las 7 de la tarde. Si nuestros relojes están bien sincronizados, a las 8 pm Xi Jing debe presentarse en el hostel. ¿Xi Jing? Sí, volvamos atrás. Día 3, no sé cómo llegar a la Raylway Station y una muchacha me termina acompañando. Intercambiamos teléfonos y quedamos hoy a las 8 pm en el Leo Hostel. Pues bien, hoy es el día, queda una hora y yo estoy arrastrándome cual culebra bajo el calor del desierto. A parte de mi estado de salud, seamos sinceros, ¿qué hago con esta muchacha? Mi inglés básico da para una conversación de 2 minutos. Estoy muy cansado para pensar. Decido acostarme 45 minutos para recuperar fuerzas y ya veremos lo qué hacemos.

Duermo. 19:30, sms: Fran, tengo mucho trabajo, ¿nos podemos ver el 30 que empiezo las vacaciones? A ver, ¿dónde está la cámara oculta? Síiiiii. Sigo descansando. Sobre las 21.45 me espabilo. Bajo al salón. Tele, cena, Internet. Son las 12. Ahora sí, a dormir, que mañana espera un gran día: descansar!

3 de diciembre de 2012

Día 17: Día de trenes


Anoche hablé con mi madre. La noté muy cambiada. En un principio me preocupé. Luego me di cuenta que mi madre no habla chino. Lo sentimos, pensamos que sí, pero desde aquí no se pueden hacer llamadas internacionales. Muy amable la chica del hostel.

Desayuno y alquilo una bici. 2 horas de ruta por la ciudad. A la vuelta, check-out y rumbo a los Jardines del Administrador Humilde. Antes, un litro de zumo natural me da fuerzas. ¿Los jardines? Pues como todo por estas latitudes: precioso. Se ve que el Administrador no era tan Humilde. 

Busco dónde comer y pongo rumbo a la estación. Nuevamente bus 178. Me gusta. 40 minutos de tren bala y estoy de nuevo en Shanghai. Fue ayer cuando marché y parece que fue hace mucho. Los días son muy intensos. Recojo la maleta del hostel. Ya es de noche. Me dirijo a mi lugar de cena favorito y luego a por mi merecido postre. Estoy lleno. Toca tren toda la noche. Hay que ir preparado.

Vagón 15, asiento 33A, perfecto, tengo ventanilla, eso significa dormir mejor. Vagón 10, 11, 12, joder, todos son literas, me cago en todo, ¿por qué no me tocó a mí litera? 14 y 15. Son estancias de cuatro literas. Ya me equivoqué. Aunque en la estancia pone 33a, 33b, 33c ... Salgo, pregunto. Pues no me he equivocado. Toma ya. No me toca litera, pero, atentos a la jugada. Las camas de abajo las convierten en tres asientos cada una. Las de arriba para poner las maletas. Dos conclusiones. La primera, somos 6 en el compartimento. La segunda, dormiremos casi acostados. Unas maletas debajo de las camas. Otras pocas arriba, donde dormirán un señor y una señora, los más mayores. Quedamos 4 abajo. Los de enfrente lo tienen de coña, son jovencitos y pareja. Ya tienen nidito de amor. Ya hay 4 personas que dormirán acostadas. Quedamos mi amigo el chino que habla inglés y es muy amable y yo, que ya no somos tan jóvenes, pero sobre todo, no somos pareja. El chaval se sacrifica, me dice que me estire que él se pone en el lado de la mesita a trabajar con su Ipad. Perfecto. Duermo del tirón, piernas encogidas, pero a años luz del asiento en ventanilla de trenes nocturnos anteriores. Compartimento cerrado, luces apagadas. Silencio, se duerme. 

2 de diciembre de 2012

Día 16: Suzhou, te amo.

Shanghai amanece lleno de vida. Desayuno - reflexión, café en mano, en la mejor pastelería del mundo. Vuelvo al hostel. Hay que preparar el día en Suzhou. Llamo al hostel mejor valorado. It's full. Mierda. Neals me deja su guía. Llamo a otro. Perfecto. Ya está, reservado. Mi inglés básico se agudiza por momentos. Ni yo me lo creo. Check-out, dejo la maleta grande y pongo rumbo a la estación. Antes, parada en el Bank of China. Toca cambiar pasta. Hay cola. Ahora sí, rumbo a la estación. 

Tren bala. Dos horas. 260 km/h. Estación de Suzhou. Logro encontrar alguien que me informe de cómo llegar a mi destino. Bus 178. La guía y el Google-Map dicen otra cosa. Da igual, 178 me gusta. Ya en el bus le pregunto a un chico dónde me tengo que bajar. Le enseño el mapa de a dónde me dirijo. Mira mi mapa, mira el mapa del bus, mira mi mapa, pregunta, mira el mapa del bus. En la mitad de tiempo yo ya he identificado mi parada. Me dice cual es mi parada. Le digo que la mía es la anterior. Insiste. Insisto. Es cierto. Es cierto lo que llevo pensando hace tiempo. Por norma general, el género femenino muestra más habilidades y capacidad de resolución de problemas que  el masculino. Ésta es sólo una muestra más o, quizás, pura casualidad. El chico me da la razón, a lo de la parada, de lo que yo pienso no sabe nada. Me bajo, camino, busco. Este pueblo es realmente bonito. Y digo pueblo porque esta parte se conserva como un pueblo: canales de agua, calles estrechas, puentes de piedra, gente en bicicleta. Es precioso. Encuentro el albergue.

Hay que comer. Después viene un gran zumo natural de melón y naranja. Medio litro. Recorro el pueblo. Bajón. Sueño. Vuelvo al albergue. Me lanzo literalmente en el sofá. Son las 6. Abro los ojos. Son las 7. Pareció toda una noche. Estoy recuperado. Camino. Me siento en la muralla. Veo la gente pasar. Miro la ciudad. Esto es realmente bonito. Decido no hacer fotos. Esto quedará en la retina. Muralla, río, canales. Relax. Camino. Encuentro un mercadillo, de ropa y comida. Compro calcetines y unas pegatinas para el iphone. La pantalla se ha terminado de romper y hay que redecorar. Negocio la pegatina. Ceno al Wok. El cocinero me ofrece un cigarrillo. No gracias. 5 yuanes. Es realmente barato. Ceno. Después de dormir me desperté diferente, con fuerzas. Era como si el cuerpo me pidiera un momento. Camino hasta el hostel. La ciudad, de más de millón y medio de habitantes, duerme. Realmente, como dice el dicho popular chino: "El paraiso está en Suzhou".

23 de noviembre de 2012

Día 15: Palizón en Shanghai

Preparo la mochila. Salgo del hostel en busca del desayuno en la mejor cafetería - pastelería del universo. Un poco de reflexión mirando la calle mientras me tomo el café. Gente que pasa rumbo al trabajo, coches que pitan, motos que esquivan, obras en la calle, bolsas de grandes almacenes, gente. Y yo estoy aquí. Al otro lado del mundo. Donde la vida parece ser tan igual a mi cotidianidad. Y sin embargo, es tan distinta. Shanghai es trepidante y hoy lo vamos a descubrir, a caminar. ¿Dispuesto a morir? Sí, señor. Pues adelante chaval que la gran city te espera.

Visita al edificio-museo donde se fundó, en 1921, el Partido Comunista Chino. Los chinos lo fundaron y la opresión de las potencias extranjeras lo alimentaron.


Plaza del Pueblo. 24 millones de habitantes, mil rascacielos y resulta que la zona más importante de la ciudad se llama Plaza del Pueblo. ¡Vamos! Que esta gente sigue siendo muy rural. Mi tranquilidad se ve interrumpida por una muchacha que con la excusa de que le saque una foto me empieza a dar conversación. Más bien es un monólogo y parece ser que piensa que soy sordo. Pretende que me una a ella y a su hermana para ver Shanghai. Y a mí que me apetecía echar el día solo, yendo a mi aire. A parte, ese megáfono en la oreja todo el día terminaría por matarme. Me costó hacerle entender que no, que muchas gracias. Creo que se quedó un poco indignada.

Rumbo a Pudong. Increible el skyline. Me río de Manhatan. Aunque, sinceramente, NY tiene más encanto. Subo a la torre Jimao. El mundo allá abajo parece de mentira, como si fuera una maqueta. Mil fotos. Luego, el barrio antiguo. Es increíble la habilidad del turismo para reventar sitios con encanto. El cansancio me arrastra hasta el Bund para ver el atardecer y el skyline de noche. Son las 7 de la tarde. Llevo dando vueltas desde las 9:30 de la mañana. Paseo por la orilla del río, atestada de turistas, la mayoría chinos. Mil fotos más. Cruzo el río en barco. Vuelvo. Me dirijo a Nanjin Street, que me recuerda mucho a Time's Square. Predomina el neón, los comercios, la gente y las actuaciones en la calle. Son las 9.30 de la noche. Tira pal metro, busca donde cenar y venga, pal hostel. Hoy lo has dado todo.

Sí que es trepidante Shanghai, sí que lo es.


18 de noviembre de 2012

Día 14: Reencuentro en Shanghai

Mañana de visita al Templo Liyin y sus jardines. Pero, ¿qué pasa?, ¿que aquí no saben hacer las cosas normalitas? Esto es espectacular. Caminata por los jardines, subir, bajar, subir, cambiar de dirección, subir, subir, ... para ya Fran, que te estás reventando. Más de 400 imágenes talladas en roca, dispersas por todo el jardín, que a mí se me hace que esto es un señor bosque. El templo, cuya entrada se paga a parte, tiene no sé cuantos edificios con imágenes gigantes a las que la gente reza. Seguimos subiendo.

Bus de bajada, que coge una dirección diferente a la esperada. ¿A dónde me lleva? Me alejo del hostel. Relax. Ya está. Ya sé dónde estoy, dónde me debo bajar y qué camino de vuelta coger. En 14 días mi sentido de orientación se ha despertado a marchas forzadas.

Check-out, comida y rumbo a la estación. Está cerca, aunque un taxi vendría bien. ¿20 yuanes? Ni de coña! Sigo caminando. ¿20 yuanes? Que no hombre que no! La guía dice que entre 11 y 15. Más adelante cogeré uno para no llegar justo de tiempo. Casco antiguo nuevamente, dinámico, vivo, antiguo. Muy bonito todo, pero se te ha ido la bola Fran, y ya vas tarde. Busco una moto que me lleve. No pasa ninguna. Sigo buscando. Paro una moto, que ni es taxi ni tiene intenciones de serlo. No se entera de lo que le digo, dice que 10 yuanes. Llevo 6 en la mano. No se entera. Piensa que voy al aeropuerto. Le indico que sólo es de frente y luego a la derecha. Parece que me conozco esta ciudad como de toda la vida. Me dice que suba.  Bien, me lleva. Se emociona, yo también. Toca la pita constantemente. Yo no. Yo digo guuuuuuuuuu, constantemente. Nos reímos como si fuéramos amigos de toda la vida. ¡Mierda! Me has equivocado, no era por aquí... Ah sí, sí, mira la Railway Station ahí delante. Uff!! Le pago. ¡No! No quiere el dinero, me ha traído como un favor. Insisto. Insiste. Pues, muchas gracias, con reverencia incluida.

Tren bala rumbo a Shanghai. 260 km/h y 40 minutos me llevan a mi destino. Metro, 30 minutos. Camino a pie, 10 minutos. Hostel. Aquí me espera Hipi. Hablamos ayer por whatsapp y me han reservado habitación en su hostel. Volvemos a vernos. Bonito reencuentro, pero esta vez dejamos al universo tranquilo. Con Hipi, está Nils, un chaval danés de 20 años que está recorriendo Asia. ¡Toma ya! ¡Qué máquina! Me ducho, agua hirviendo. Increíble. Más agua hirviendo. Fantástico. Vamos en busca de la cena. La encontramos en un chiringuito en la entrada a unas viviendas. Escalope más unos fideos con verduras calman mi estómago. El postre de una pastelería de enfrente que recordaré toda la vida. Todo espectacular. Volvemos al hostel. De camino compramos Mata-ratas camuflado de alcohol. Es la última noche de Hipi y Javi en China. Horas de billar, buena compañía y Mata-ratas con Coca-Cola. A decir verdad, probé un poco y me pasé directamente a ... la Coca-Cola. Javi llega más tarde. Ha estado de compras. Me avisa: "En Beijing, el regateo es agotador, pero tienes que ir". Ahora sí, despedida. Chicos, nos vemos en Barcelona o en Mataró. Buen viaje mañana. 

15 de noviembre de 2012

Día 13: Un matrimonio indisoluble


Temprano estoy desayunando, por supuesto, desayuno americano en el hostel. Me estoy acostumbrando a estos desayunos. Con el estómago lleno, el corazón se contentó al momento y con esa alegría pongo rumbo a la zona antigua de Hangzhou. El pueblo es muy bonito. Esta parte del pueblo, claro. El pueblo en cuestión tiene 8 millones de habitantes y un lago espectacular. Una auténtica maravilla de la naturaleza. Me adentro en el casco antiguo. Está lleno de vida: comercios, casas de te, restaurantes, casas antiguas. Paseo fijándome en todo y sin poner atención en nada. Paseo como despistado. Me mezclo entre la gente. Me compro un pañuelo, adquisición básica para proteger mi garganta. Una vez aquí, me dirijo a la estación de tren. Está cerca. Quiero comprar el billete de mañana. Perfecto, comprado. Mañana a las 16.00 horas Fran, estarás poniendo rumbo a la gran Shanghai. Pero no tan rápido vaquero. Queda disfrutar de Hangzhou. Vuelvo sobre mis pasos al casco antiguo. Descubro una iglesia cristiana. La primera que veo. Entro. La iglesia tiene dos plantas. Están realizando una representación en directo de la Pasión. Me quedo un rato. Observo. Llega el momento del sermón. Eso parece. ¡Claro! Hoy es Domingo. Escucho un rato. Suficiente por hoy. Después del alimento espiritual, toca el alimento sustancial.

El alimento sustancial no me sentó muy bien y en media hora estaba corriendo en busca de un baño público. El baño público estaba en condiciones higiénicas aceptables y no tuve conflicto alguno en usarlo. Me había adentrado en una especie de merendero entre jardines. Los chinos jugaban a las cartas, a las damas chinas, hablaban, reían. Los bares y restaurantes estaban llenos y el espacio natural era espacioso y a la vez acogedor. 

El lago y la Pagoda me ocuparon la tarde-noche. Una vez más, precioso. Hangzhou es una gran ciudad para vivir. Eso parece. Tiene los servicios de una gran ciudad combinado con una naturaleza espectacular. Cierran la Pagoda. Este ha sido otro día intenso. Todo a pie. La mañana queda muy lejana.

Llego al hostel. Uno de mis compañeros de habitación es muy simpático. Aquí son todos chinos. El albergue es enorme y creo ser de los pocos extranjeros que hay. El chico, sobre los 18 años, al decirle que vengo de España, dice las dos palabras mágicas que dicen todos los chinos cuando nombro España: Barceloonaa, Meeessi. Una seguida de la otra. Ha dejado de ser una novedad. Es una constante de todo el viaje. Barcelona y Messi parecen ser un matrimonio indisoluble. 

11 de noviembre de 2012

Día 12: Llegada a Hangzhou



Despierto sobre las 7. He dormido bastante. El tren llega a su destino sobre las 8:30. Busco el bus que me llevará cerca del hostel. Un señor coge el mismo bus que yo y me indica donde lo hemos de coger. También me indicará mi parada. No tiene ciencia alguna, es la última, pero el señor quiere hacer su buena acción del día y yo me siento generoso. Una hora de bus. Después de 18 horas de tren, una hora de bus me parece de risa. Fui de pie todo el trayecto y ya vino bien para compensar tanto tiempo sentado.

Estoy en el centro, pero llegar al hostel requerirá un taxi. 15 yuanes. El de la moto - taxi se niega. Pide 30. Ahí mismo, un motorista dice que me lleva por 15. En una scooter normal. Me subo con mochila a la espalda. Cuando el de la moto-taxi comprueba que es factible, le monta el pollo al de la moto. Competencia desleal. Muy desleal por cierto. Chispea un poco, mis mocos siguen ahí y la mochila se está mojando. Llegamos. Pero no es aquí. Sí. No. Sí. Te digo yo que no, que esto no es un hostel. No tiene pinta de timarme. Sigue chispeando. Enseño la dirección de mi destino a algunos transeúntes  Nadie sabe. Hangzhou tiene 8 millones de habitantes y probablemente mi hostel no sea lo más conocido del lugar. Mi taxista particular pregunta varias veces y llega a la conclusión de que estamos en la calle, pero no en el número. La calle es enorme. Avanzamos y por fin veo el cartel del hostel. Tenga, sus 15 yuanes. Xie xie. Xie Xie.

Los recepcionistas no son especialmente agradables. Me instalo. Me relajo. Repaso la guía. Voy al templo budista de enfrente de la pagoda. Impresiona ver a la gente prendiendo incienso y haciendo reverencias a las imágenes. Imágenes gigantes. Estoy agotado. Doy una vuelta por el lago, pero el cansancio y la gripe, que continua, me impiden disfrutar. Cae la noche. Retirada. Ceno y a dormir. Día raro. Se me ha pasado volando y no he hecho casi nada.

3 de noviembre de 2012

Día 11: Pensé que eran 15


9:23. Perfecto. Has dormido bien Fran. Ducha y desayuno americano. Que gran manera de empezar el día. Compras en el super para el viaje en tren.  El super es inmenso. Fruta, agua, más fruta, algo dulce, algo salado. Efrén ya va con prisas. Su tren marcha tres horas antes que el mío. Volvemos al hostel. Check-out y adiós tío, que vaya bien el viaje. Tienes mi mail. Ok. Disfruta tú también. Suerte. Venga.

La familia francesa y yo, los únicos que ocupamos el salón durante la mañana. Los niños haciendo los deberes con los padres. Yo buscando hostel para Hangzhou. Me esperan 15 horas de tren. Cuando llegue, no quiero estar buscando dónde quedarme. Son las 14:00, toca marchar. Suerte en el viaje. Hasta otra. Ánimo con la aventura. Pour toi, aussí! Rumbo a la estación. Tren T-82. Salimos en hora, las 15:00. Voy preparado: libro, guía, fruta en abundancia, agua, té con limón, clínex, jarabe para la tos, mantita, mascarilla (no se puede ir sin mascarilla si tienes tos), pastillas para la garganta.

He comido antes de subir al tren. Aunque es la segunda vez que cojo tren, ya me parece familiar. La mesita entre los asientos, la lucha por estirar las piernas, la lucha porque no se te duerma la pierna que no has conseguido estirar, la lucha por cambiar de posición la pierna que lleva estirada dos horas, la comida de la gente, las voces, las miradas, los juegos, la venta de comida por los pasillos, la mochila grande arriba y la pequeña conmigo, mil paradas, gente que sube, gente que baja, ...

Tengo sueño. Duermo hasta las 18:00. Leo. Son las 21:00. Llevo 6 horas, no me preocupa  mucho el trayecto, ya se que son 15 horas y me he mentalizado. De las 15:00 hasta las 8:00. Cuenta. ¡Mierda!, son 17... mmm ... Da igual, tenías pensado llegar a las 8:00. Eso es lo que cuenta. Ceno, leo, estoy despierto. Son las 23:37. El ruido del tren empieza a descender. Esto es cada vez más familiar. Más tranquilo. La verdad, pensé me costaría más superar tanto tiempo en tren, sentadito, en un asiento duro, no reclinable. Pero no. La primera experiencia me curtió lo suficiente. A penas se escucha nada. La noche cayó hace mucho rato. La gente duerme. Yo también. 

30 de octubre de 2012

Día 10: Preocupación


La tos y los mocos no han desaparecido. Aquí, en las montañas, no hay frío, pero sí mucha humedad. Me despierto con dolor de pecho. Mierda, como esto no se cure bien. Una idea me ronda la cabeza: ¿será bronquitis, pulmonía?. Me tranquiliza saber que no tengo fiebre, ni mal cuerpo, ni me duele la cabeza. Mejor. El pecho debe doler del esfuerzo de toser. Seguro. Seguro que es eso.

A pesar del dolor de pecho, me levanto a las 5 de la mañana, dispuesto a poner rumbo al punto 1, montaña arriba, para ver amanecer. Niebla intensa, oscuridad casi absoluta, lluvia fina. Descargo una aplicación de linterna en el Iphone y comienzo a subir. Al cabo de 20 minutos de subida empieza a amanecer. Estoy totalmente sudado. El amanecer es algo totalmente blanco. Blanco niebla intensa. Operación Ver Amanecer   Chino en las Montañas: Fracaso total. Me paro en un mirador. Descanso. Bajo. Vuelvo al Hostel. Me acuesto. Esto ha sido una gilipollez. Te tenías que haber quedado en la cama. Bueno, ahora descansa unas horas.

La intensa niebla se levanta un poco a lo largo de la mañana, pero la lluvia fina no parará en todo el día. Eso dice el pronóstico. Decido volver a Guilin hoy. Lo hago con Efrén, de León. Está viajando él solo por Asia. Hizo el Transiberiano desde Moscú, estuvo en Mongolia y ahora China. Echamos el día juntos. Es un alivio. Quedarme en las montañas solo y enfermo me da miedo. Miedo, no reparo ni respeto. No. Me da miedo. La idea de la bronquitis por una gripe mal curada sigue rondándome la cabeza. Tengo la sensación que en Guilin estaré más protegido, menos aislado. Puede que la idea sea absurda, pero Guilin me da más seguridad.

La peli de vuelta no merece ni ser nombrada: patética. Me alojo en el Wada Hostel. Está la familia francesa que conocí en Yangshuo. Los niños son graciosísimos. Estarán viajando 7 meses. Ya han estado en Rusia y Mongolia. Son un matrimonio de unos 40 años y dos niños, de 5 y 7 años.

Necesito un expectorante o mucolítico. Explícaselo a la chica de recepción. Parece que nos hemos entendido. A la farmacia. Jarabe para la tos. Funciona. Expectoro y dejo de toser.

Cena por 4 yuanes (50 céntimos de €) con Efrén y vuelta al Hostel. Toca relax. No. Toca conversación variada y dicharachera con Javi y Hipi, amigos y residentes en Mataró. Intento poner el diario al día. Imposible. No sé cómo, pero terminamos hablando hasta del Universo. Dos horas y media dan para mucho. China y el planeta están llenos de McDonalds y Hipi se pregunta: ¿habrá McDonalds en el Universo? Ya os podéis imaginar la conversación. Nos veremos en Barcelona, seguro. Intercambio de números de teléfono.

Las compis de habitación, francesas. Tomo consciencia que mi francés no había desaparecido, sólo estaba bien escondido. Una alegría. Conversación también interesante. Ahora sí, toca dormir. Más tranquilo, menos preocupado. El día comenzó mal, acabó mejor. Ves, era mejor bajar. Tienes tu jarabe, no hay humedad, has conocido a más gente, además ... Zzz Zzz.

Día 9: 4 en 1


Rumbo a los Bancales del Espinazo del Dragón. Antes compro una riñonera, la mía se ha roto, no llega ni a 2 euros. En la estación de tren compro billete Shanghai - Beijing, para dentro de nueve días. Para variar, no hay litera y además es carísimo, se nota que se acerca la temida fiesta nacional, donde los 1.400 millones de chinos se congregan en Beijing. Ahí estaremos.

Ahora sí, rumbo a mi destino de estos días. La riñonera se me cae en tres ocasiones, el truño-cierre la convierte en truño-riñonera. ¡Mierda! Bueno, por dos euros, ¿qué le pides a la vida, Fran? En cuanto acepté la condición de mi nueva adquisición ésta no volvió a fallar. En la Bus Station una pareja va para donde yo, ya está, fácil. Tres buses y una buena caminata de subida me llevarán a Tianthou.

En el bus más largo, 2 horas, ponen una peli. La miro a ratos hasta que me engancha. Es de chinos claro, osease, kárate, peleas, maestro, sabiduría. El malo malísimo ha matado al maestro. ¡No puede ser! El bueno buenísimo se entera y va a por él. También se ha llevado a la chica y al niño, más que probable sucesor. Cuando el bueno buenísimo está a punto de ganar, el malo malísimo resulta que tiene poderes y le gana. A ver, ¿pero no habíamos quedado que esto era una peli de chinos? Pues no, ahora resulta que también es de fantasía. El malo malísimo es como el mago malo del Señor de los Anillos. Ahí pensé, mira, dos en uno, peli de chinos y Señor de los Anillos. ¡Cómo se lo curran! Por supuesto, el malo malísimo gana y el bueno cae por una catarata. La chica se safa de sus captores y se lanza tras él.

El bueno buenísimo coge una "depre" de caballo. Su software de macho-alfa no está programado para las derrotas. La chica lo cuida pacientemente durante un año. ¡¡¡Pero!!!, ¿a dónde me vas con esos pelos? Con lo coqueto que estaba él rapadito y con coleta. A todas luces, la "depre" es importante. 

Un día se levanta de buen humor y decide que comienza a entrenar. Ahí aparecen dos tíos que vuelan. Uno de blanco, otro de negro. El de blanco, quien será su nuevo maestro, esquiva los golpes y se mueve como Neo, el de Matrix. Sólo falta ver los códigos informáticos verdes. Estos chinos son increíbles. Ya vamos 3 pelis en una. Eso es ahorrar presupuesto. Vista una, vistas todas.  

Lo sospeché desde un primer momento. Lo sabía. El de blanco y el de negro son fruto de su imaginación. Este tipo lucha contra sí mismo. Vamos, que tiene una esquizofrenia galopante. Ya vamos 4 en 1, y no revelaré la peli, para aquellos que no la hayan visto. 

La chica se cansa y se marcha. Es evidente que ha ido a buscar al malo malísimo. Normal, en todo este tiempo el bueno buenísimo no le ha tocado ni un pelo. Y la muchacha se va a probar con el malo, que al igual se lleva una alegría. ¡Aaaaah no!, que va en busca de su hijo. Ahí llega el bueno buenísimo y se da la trepidante lucha final. Trepidante y apasionante, pero sobre todo indescriptible, porque llegó mi parada y me tuve que bajar.

Las terrazas de arroz de los Bancales del Espinazo del Dragón: INCREÍBLES, una portentosa obra de ingeniería humana. Sin palabras. Por eso mejor yo les cuento algo tan banal como la peli, que ya las fotos dan mejor cuenta del lugar. 











26 de octubre de 2012

Día 8: Con ayuda de las drogas


Según el termómetro de Vanessa tengo 37.4º, aunque yo no me noto fiebre. No pasa nada. Mal cuerpo y mocos. Mi camello me pasa un mucolítico. Antes ya me había dado Ibuprofeno en pastillas, más práctico que mis sobres. Repetimos desayuno donde ayer. Huevos, bacon, tostadas, café y zumo de naranja. Bicis y a Fulí. Paisaje realmente bonito, pero yo no estoy para esto. Me encuentro mal. Estoy débil y la bici no ha sido una gran idea. Cruzamos el río en barca. 5 minutos. Suficientes para quedarme dormido. No tenía que haber venido. Necesito meterme en la cama. Llegamos a Fulí. No encontramos las casas de piedra que decía la guía. Buscamos donde comer. Comemos. Me recupero un poco. Miro la tele. 

La vuelta en bici cuenta con unas rampas importantes, una carretera polvorienta en pésimas condiciones, mucha circulación de camiones que a su paso levantan auténticas polvaredas y cortes intermitentes de carretera.

A la llegada a Yangshuo nos encontramos con Mario y Marisa. Última vez que los veremos porque seguimos rutas diferentes. Ahora sí, les pido el teléfono por si coincidimos en Shanghai y nos presentamos. Cosa que no habíamos hecho hasta ahora. Hasta la próxima. Suerte. Suerte. Llego al hostel. Me duermo en el sofá. Tengo hambre pero no apetito. Me duele la cabeza. Tengo mal cuerpo. Me quedo. Chicos,  me quedo aquí esta noche. No. Voy. Venga va, me espabilo. No sé si tomarme un ibuprofeno. La cabeza y las cervicales me van a reventar. Vanessa, mi camello particular, me da un protector de estómago y tras éste me tomo el ibuprofeno.

Salimos rumbo a la estación. 18 yuanes, hora y media y estaremos de nuevo en Guilin. Ya en el bus me encuentro mejor. Bien. Mucho mejor. Incluso con fuerzas. Retomo el diario que abandoné hace tres días. Guilin parece ahora más grande. Más luminosa.

Un taxi al aeropuerto 120 yuanes. Lo mismo que a la ida, pero ahora no es de madrugada. No queda otra. Se van Javi y Vanessa. A Hangzhou. Yo estaré allí en unos días, pero ellos ya habrán marchado a Japón. Despedida. Los voy a echar de menos. Llevamos una semana juntos muy intensa. Rápido, al aeropuerto por favor, que llegamos tarde. Chao. Suerte. Suerte. Disfruten. Nos vemos. Venga.

Rumbo al Green Forest Hostel. Ceno. Tengo hambre y apetito, mucho. El mal cuerpo, los escalofríos y la tos han desaparecido. Las drogas han surtido efecto. He cenado bien, pero me falta algo. Son las 23:40. Salgo. Las calles vacías de Guilin me dan paz. Camino en la noche. Me compro unos dulces. Es el postre. Continúo. Encuentro un mercadillo nocturno. Compro fruta.  Es el post-postre. Son las 0:30 y las calles aún más vacías me reconfortan. Me siento bien. Agradecido con la vida. La fiebre, el mal cuerpo y los escalofríos parecen de un pasado lejano. Como si hubieran sido cosa de ayer o antes de ayer.

24 de octubre de 2012

Día 7: Yangshuó, ciudad sin ley, belleza incomparable



La garganta. La ventana se ha quedado abierta toda la noche. Molestia. Se me pasará. Nos espera un día de aventura natural. Y no me refiero al desayuno americano de huevos, bacon, salchicha, etc, que de natural tenía poco.

Empieza la ruta. Alquilamos  bicis de montaña y hacemos 8 km hasta la Moon Hill. El tráfico es una... mmm  locura no, lo siguiente, pero hay cierto orden. Esto es un ejemplo claro de entropía: orden en el caos. Conducir aquí es apasionante, excitante, a la vez que fácil. Has de seguir solamente dos normas: no parar bajo ningún concepto, aunque venga un coche en dirección contraria por tu carril y tocar la pita constantemente.
(Volvemos después de los anuncios).

Teletienda (voz de anunciante): 
"¿Cansado de presentarse una y otra vez al carnet de conducir sin pasar la prueba?, ¿de aguantar suspenso tras suspenso la cara de sus amigos que ríen y se burlan de usted a todas horas? Pues no busque más. Ya está aquí el auténtico carnet de conducir chino apto para todas las regiones del planeta. Sólo tiene que demostrar su habilidad tocando la pita y pasándose por el forro toda señal que encuentre a su paso. Tan fácil como eso".

En la entrada a la montaña unas señoras nos dan la lata. Que no. Siguen. Que no. Me ponen una libreta delante. La aparto. Buscamos la entrada. ¿Dónde dejamos las bicis? ¿Seguro que es aquí? Nuevamente las señoras. Libreta delante. La aparto. Cuando lo hago veo anotaciones en castellano: "estas abuelas son de fiar, te cuelan en la montaña y vigilan las bicis", "estas señoras..." Firmaba gente de Barcelona, Argentina, etc. Esto es muy bueno. Aceptamos barco. Nos cuelan por 5 yuanes. Nos ahorramos nada, 10 yuanes, pero la experiencia de colarnos por una entrada secreta es muy divertida. Tienen una buena red montada. Una cuida las bicis, otra busca nuevos clientes y otra nos guía hasta la entrada secreta.

Subimos los 900 escalones. Antes, nos encontramos a Marisa y Mario. Irán también a las cuevas de barro, por 70 yuanes. Llegamos a la cima. Sin palabras. El paisaje nos conmueve. Volvemos. En la entrada nos encontramos con las señoras. Les escribo en la libreta que son de fiar, que te cuelan y te vigilan las bicis. Nos consiguen una guía que nos ofrece la entrada a las water cave por 100 yuanes. Negocia Vanessa. Acuerdan 70 yuanes. Miro firmemente a Vanessa y niego con la cabeza. Vanessa dice 60. La guía acepta.  Seguro que nos estafan igual, lo pienso siempre, pero es que es realmente muy barato, además somos turistas y esta gente no sabes cuándo vuelve a hacer negocio. Microbus a las cuevas. Experiencia de contrastes. Entramos en barca. Una vez nos deja la barca, andamos mucho cueva adentro, subimos, bajamos, nos agachamos. Llegamos al momento esperado. El momento esperado es en agua fría. Piscina natural de barro. Baño de barro. Cabeza incluida. Después de 10 minutos emprendemos el regreso. Tirito. Totalmente embarrados, llegamos a las piscinas de agua caliente. La gloria. Baño de aguas termales. 20 minutos en agua casi hirviendo. Reconstituyente. Salimos. Frío. No tenemos toalla. Humedad. Ya es seguro que caigo enfermo. Mi garganta no había vuelto a dar señales de vida, pero esto ha sido matador. Volvemos en bici. Genial. Nuevamente excitante. La conducción aquí es realmente anárquica y ordenada. Paseo por las calles comerciales. Ducha y a cenar. Primeros escalofríos y mal cuerpo. Caldo de fideos y carne. Sólo pienso en coger la cama. Vuelta al hostel. Ibuprofeno y a dormir.

22 de octubre de 2012

Día 6: Coge el billete, corre y vete

Desayunamos como reyes en el hostel. Ahí conocemos a Marisa y Mario, casados y residentes en Madrid. La manifestación de Xian les pilló todo el día. Coche japonés que veían, coche japonés que volcaban. Ellos no, que parecían bastante civilizados, los chinos. Eso es descargar adrenalina.

Aprovecho y compro el billete de tren de Guilin a Hangzhou para dentro de seis días. Me entra la depre. Sí, la depre. 18 horas de tren, sin litera. No hay otra. Lo tomas o lo dejas. Lo tomo.

Bus a Yangshuó. Es el 4. El billete pone a las 12:35, pero es raro porque supuestamente van pasando así sin más. Pero bueno, nuestro billete pone a las 12:35. Estamos por fuera de la estación. Pasa el 6 dos veces, el 11 también dos veces, pero del 4 ni rastro. Dudo. Vanessa va a investigar. Unas chicas a mi lado sonríen, las miro, Les pido permiso para hacerles una foto. Ok. Se las enseño. Les gusta. Ríen. Pues ya que están aquí les enseño el billete a ver si nos ayudan. Miran el billete, hablan, lo vuelven a mirar, hablan, me miran, hablan, caminan un poco, las sigo, señalan para el frente. ¡Vanessa ven! Que creo que nos hemos equivocado. Las chicas avanzan un poco. Vanessa no lo ve claro. De buenas a primera, una de las chicas mira el reloj, mira el billete, me mira y echan a correr con mi billete en mano. ¡Corre Vanessa! ¡Javiiiiii! Corremos tras ellas. Entran en la estación. Nosotros también. Ellas pasan, nosotros paramos a pasar las maletas por el control. Ellas corren. Ahora nosotros también. Miro al fondo. Paran el bus que ya marchaba. La gente mira, hay colas para otros buses. Pasamos por en medio de la gente. Rápido, rápido. Llegamos. ¡Por aquí Javi, Vane! Me dan el billete. Subimos. El bus arranca. Marcha. ¡Oh, no! Nos hemos marchado sin dar las gracias. ¡Qué rabia! ¡Con lo bien que se han portado! 

Dos horas de bus. Tomo la firme determinación de tramitar la petición para que la carretera a Yangshuó entre el Libro Guines de los Récords. Se lo merece. Es la carretera con más baches de la historia.

Yangshuó. Cuatro calles, trescientos millones de turistas por segundo, doscientas mil tiendas por metro cuadrado y todas las discotecas del universo en una manzana. Eso es Yangshuó. Pueblo tranquilo donde los haya.    

Buscamos hostel. Las vistas desde la terraza son preciosas. Comemos. Paseo en barco por el río. Puesta de sol. Jamás mis ojos vieron algo tan bonito. No hay cámara que pueda captar esta belleza, ni retina que la pueda olvidar.

18 de octubre de 2012

Dia 5: Los chicos son guerreros


Me despiertan los gritos de una chica. Son las 8:50. El despertador no ha sonado, ¿qué habrá pasado? De todas formas llego a tiempo. A la salida del hostel hay un mercadillo. Bien. Compro churros chinos. Vamos, que son los churros de toda la vida, pero claro, aquí son chinos. Riquísimos. Voy a por mi yogur. Llego a la parada. Según la chica del hostel debo coger el 608, según la guía también el 6 y el 706. Pregunto en la parada, un chico me informa que también el 255. Llega el 255, me subo. Pregunto para contrastar la información. Enseño el mapa de la ciudad y señalo la estación de tren. Allí llegarán Javi y Vanessa a las 10:30. Información errónea. Me bajo en la siguiente parada.

Tengo el mapa de la ciudad en la cabeza. Sé a donde tengo que ir. Pasa el 6. La parada está más adelante. Llego, espero. De repente ruido, gentío, banderas de China, más gente, ordas de gente. Tráfico colapsado. Al parecer Japón ha invadido unas islas chinas. La manifestación marcha. Mentira. Vuelve y ahora son más. Al otro lado alboroto, pero no lo puedo ver. El bus 6 y mil buses más van detrás de la manifestación. Ni ruta alternativa de buses, ni calle cortada. La cola de buses es considerable.

Llega el 6. Subo. No avanza. Me lamento. ¿Cojo una moto? Llego tarde. Espero que ellos también. Rotonda. Parados. El bus debe seguir de frente. Imposible. La manifestación colapsa toda la avenida. Miro al chófer. Le digo mentalmente: "gira, deja la manifestación, sáltate la ruta, gira, gira, gira..." Lo miro, miro la carretera. Lo miro. Le digo: "gira, gira, gira". El bus que nos precedía se mete en la manifestación. Dicen que nunca más se supo de ellos. Eran buena gente. El chófer mira para el frente y para el lateral. El frente a reventar, gente, banderas, gritos, gente. El lateral, carretera vacía. Vuelve a mirar para el frente y para la derecha. Yo insisto: "gira, gira, no te metas cabra loca, es una locura, ". Se levanta, dice algo, una mujer le responde y se baja. Y el chófer gira. Grande. Muy grande. Lo amo. Lo amo. Me amo a mí también, ¡tengo poderes! El resto de buses sigue atrapado.

No es su ruta, por lo tanto no hay paradas hasta la estación de tren. Al llegar allí se gira y me avisa que tengo que bajar. Es la primera vez que cojo un bus-taxi. China siempre innovando.

Vanessa y Javi llegan a los dos minutos. En el bus, camino a los Guerreros de Terracota, nos unimos a Edward, Sandi y Alexandra, de Venezuela. El carnet de estudiantes baja el precio de 150 yuanes a 75. ¡Qué suerte que la UB haga carnets del 2008 al 2013! Los Guerreros. Ahí están. Increíble. Un metro ochenta. Cada uno diferente. Más de 6.000. Todos en formación. Una proeza del ser humano. El emperador que los mandó construir quería tener un ejército consigo en el más allá. Se me antoja que él ya estaba un poco pa'llá, pero la obra es de un valor incalculable.

Vuelta. Son las 6. Bus al aeropuerto. Facturamos. Me ponen en primera clase. Flipo. La chica que me factura no sabe por qué, pero cuando ha metido mis datos, le sale primera clase, aunque mi billete es turista. Toma ya. Ceno en la zona VIP. El que me viera pensaría que llevo días sin comer. Como sin parar y voy metiendo comida en la mochila para Javi y Vanessa. Todo está exquisito. Vuelo de hora y media con tentempié y bebidas, totalmente estirado. Leo, ¡qué relax! Empiezo a comprender a la alta sociedad. Taxi hasta el hostel y a dormir. Es la una de la mañana.

Día 4: Xi'an


Obviaré las condiciones del lavabo de la estación. Ordas de personas nos dirigimos hacia la salida de la estación y ordas de personas nos esperan en la misma. Xi'an tiene 3 millones de habitantes. Consigo hacerme entender para averiguar dónde para el bus 706. Una vez allí le pregunto a una chica donde bajarme, porque no tengo ni idea. No tengo claro donde está el hostel. Llevo unas bolas rellenas de verduras que acabo de comprar como desayuno. Están buenas. Después de unos minutos la chica ya sabe a dónde tengo que ir y dónde tengo que parar, le pido que me lo escriba. Bolsa de bolas en una mano, manos grasientas, boli y papel en la otra, mochila grande detrás, mochila pequeña delante. Me lo escribe. Llega su bus y marcha. Al momento llega el mio. Le enseño mi escrito a la cobradora y me indica la cantidad que le tengo que pagar, le pago, me dice que ok, que pase para atrás. Una señora mayor ve la nota y me dice que me avisará. ¡Si te digo yo que esta gente es muy amable! Llega mi parada y la cobradora y la señora me avisan. Me bajo.

El hostel está cerca. Se sorprenden de verme. Casi no hablan inglés. No tengo reserva, pero consigo cama. Me relajo un poco y salgo a conocer Xi'an. Barrio musulmán, comercios, restaurantes, chiringuitos de todo tipo. Toca comer. Veo como hacen unos fideos largos en caldo con algo de carne y especias. Veo el proceso de la harina al fideo. Pregunto precio: 6 yuanes, no llega al euro. Me aseguro que Guo pu-che láata! Desde la primera pregunta se forma un revuelo entre las trabajadoras y los camareros más jóvenes. Decido comer aquí. Se ríen mucho. Llega mi tazón de caldo con fideos. 

Sigo la ruta. Torre del tambor. Gran Mezquita (muy original). Torre de la campana.

Callejeo. Llego a la parte sur de la muralla, que envuelve a la ciudad. Subo. Esta muralla es preciosa. Llego justo a la puesta de sol. Camino hasta que anochece. La muralla me ha atrapado. Camino en la penumbra. Somos pocos. Viajo. Al interior. Al contraste de los rascacielos y la muralla. El presente y el pasado conviven en Xi'an y no parece que la convivencia sea mala. Camino por la muralla y viajo en el tiempo. 

Toca volver. Callejeo rumbo al hostel. Decido meterme en un local grande, lleno de gente. Voy hasta la caja. No menú. Eso quiere decir no carta en inglés. Digo la frase que ya voy aprendiendo de memoria: Guo pu-che láata! La señora, peinada, maquillada y vestida a estilo china antigua, me señala una de los bols de los que come un señor. Pregunto precio. Escribe en la calculadora: 15 yuanes. Doy mi ok. Las camareras y un camarero, que no pasaba de los 14, ríen y sonríen mucho.

Llego al hostel. Al verme, se ríen y parece que se alivian, pensarían que me había perdido. Definitivamente, soy el único extranjero, el resto, chinos.
Me ha gustado mucho Xi'an. Yo creo que me he enamorado.